Jueves, 28 de junio de 2007
Publicado por La_Seu @ 14:13
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Sissi, extraña turista en el puerto



Retrato de la emperatriz Sissi.


La emperatriz Elizabeth, esposa de Francisco José, pasó los últimos días de

1892 en Valencia, en un viaje de incógnito No aceptó recibir a las autoridades y se dedicó a paseos solitarios, visitas turísticas y compras de objetos típicos


F. P. PUCHE/



Tres días y medio fue cuanto pudo permanecer en Valencia la emperatriz Elizabeth, la Sissi casada con el emperador Francisco José de Austria-Hungría, durante una extraña estancia de incógnito como turista en Valencia en los últimos días del año 1892. Inquieta, silenciosa, la popular Sissi, la bella Sissi de las películas edulcoradas, partió de Valencia muy pronto. Aunque tuvo tiempo de visitar la ciudad histórica, hacer muchas compras , viajar en el tren de vapor que los valencianos llamaban “El Ravachol” y dar largos paseos solitarios por el puerto. Su obsesión solo era una: pasar inadvertida, ocultar su fama de emperatriz.



No es posible pasar desapercibido cuando uno llega a un puerto como el de Valencia, que en el lejano diciembre de 1892 estaba sensiblemente destartalado, a bordo de un yate imperial de tres mástiles y dos chimeneas, con potentes ruedas de paletas, bastante más grande y poderoso que el que había traído años atrás a la reina Isabel II a Valencia. El “Miramar” era un buque de la Marina imperial austro-húngara, con base en Trieste, que cumplía la misión de llevar a la emperatriz Sissi en un constante deambular por el Mediterráneo y el Atlántico. Ciento sesenta y siete tripulantes atendían los menores deseos de una dama llena de caprichos y rarezas, capaz de hacerse atar al mástil en medio de una tormenta cuanto el buque seguía, en las inmediaciones de la isla de Corfú, la misma singladura que Ulises había hecho en su Odisea.



LAS PROVINCIAS, el 28 de diciembre de 1892, llevaba en portada una información sobre la estancia de la emperatriz en Mallorca. Probablemente ya se sabía en la redacción que la famosa Sissi llegaba ese día a Valencia. A las ocho y media de la mañana del Día de los Inocentes, el enorme buque, comandado por el capitán Wathel, echó el ancla en medio de la dársena que hoy es de la America´s Cup, la única instalación disponible cuando se estaban construyendo todavía, con obra fija, los muelles de la Aduana, donde actualmente están las bases de Luna Rossa y BMW Oracle.



La redacción del periódico tuvo buen cuidado de respetar una cláusula informativa básica: la visita era privada y de incógnito. No se le daba, pues, tratamiento oficial, lo que no quiere decir que no se le dieran a los lectores todos los detalles posibles. Así sabemos que la emperatriz Sissi visitó por la mañana la Fonda de España, en la plaza de Castelar, que vio varias habitaciones pero no tomó ninguna, que pidió un intérprete en el hotel y que en su compañía visitó la ciudad. Recorrió la calle de San Vicente, la plaza de la Reina y la calle de Zaragoza; visitó la Catedral, la basílica de la Virgen y también la Lonja. Y conoció por fuerza el bullicioso mercado callejero situado delante del edificio gótico. Visitó también la Aduana (hoy Tribunal Superior de Justicia y entonces Fábrica de Tabacos) y los contiguos jardines de la Glorieta. Como estaba muy cerca, recorrió la Feria de Navidad instalada en el Llano del Remedio, hoy avenida de Navarro Reverter.





Los comerciantes quieren ser nombrados



En el periódico del 30 de diciembre, LAS PROVINCIAS informa que la emperatriz Sissi había sido vista paseando por los muelles, por entonces nada románticos ya que estaban llenos de bloques para las obras. Después tomó el tranvía de vapor, el popular “Ravachol”, acompañada siempre de un joven y una dama, y llegó hasta el edificio de la Audiencia, que era el actual Palacio de la Generalitat, en la calle de Caballeros.



Más tarde hizo unas compras. Sin identificarse, ocultando incluso el rostro, con la mayor discreción. Cuando el diario informó que había estado en una Platería de la zona de la plaza Lope de Vega, en la que había gastado 200 pesetas en los collares y agujas de moño típicos de las labradoras; cuando anotó nuestro redactor que había estado en la fábrica La Ceramo comprando cerámicas de reflejo dorado, el director recibió de inmediato los recados de otras tiendas que también habían contado con su presencia y querían salir nombradas en los papeles.



Al día siguiente, con corteses explicaciones, LAS PROVINCIAS dijo que informaba de lo que sabía; y que ahora podía añadir que Sissi había comprado también una manta típica de labrador, que había adquirido cerámicas de Ros y Urgell, que se la había visto en el conocido Bazar de Janini y que había querido ver el Gigantón de Arruche, en la calle Lope de Vega, el popular reclamo comercial de una tienda de aquella Valencia antañona.





En el coche de Domenech



Al regresar el día 29 de diciembre el puerto a bordo del siempre humeante y nada limpio Ravachol, el director de la Compañía de Tranvías, Federico Domenech, miembro de la familia propietaria de nuestro periódico, ofreció a la emperatriz Sissi su propio coche. Le estaba esperando en la subida del puente del Mar, que entonces no tenía escalones sino una rampa donde el trenecillo solía jadear lentamente. En realidad ese fue el único contacto cortés y semioficial que la ilustre dama tuvo en Valencia: porque aceptó la invitación y con sus acompañantes se dejó llevar hasta la Escala Real del puerto en el coche del señor Domenech.



El 30 de diciembre hizo mal tiempo y Sissi no bajó a tierra por la mañana. El periódico LAS PROVINCIAS informó de lo que se sabía: de la discreta vigilancia que el gobernador había mandado poner en el muelle de Poniente, de la llegada del corresponsal del diario “Zeitung” de Viena y de los frustrados intentos de las autoridades por presentar sus respetos a la ilustre señora, que seguían rechazando los ayudantes en función del carácter incógnito de la turné imperial. Solo el cónsul del imperio Austro-Húngaro pudo subir a bordo del “Miramar” a presentar sus respetos y cortesías.



Valencia




Una mujer amargada y huidiza














La emperatriz Sissi, en 1892, tenía 55 años y ya era víctima de los graves complejos que le acompañaron durante sus últimos años. A la bella mujer que se casó a los 17 años con el emperador Francisco José, le obsesionaba ahora envejecer y engordar. Se tapaba el rostro con abanicos y velos; y tenía duros ataques de bulimia y anorexia. Pasaba días tomando leche y agrio kefir; se sometía a torturadoras dietas y a sesiones de gimnasia sueca que agotaban su cuerpo delgado.



Sissi partió del puerto de Valencia, a bordo del “Miramar”, a las tres de la tarde de un 31 de diciembre de 1892. Una noche tan señalada como la de Nochevieja, destinada a estar rodeado de amigos y familiares, la empleó en la solitaria singladura marina entre Valencia y Alicante, ciudad a la que llegó a primeras horas del 1 de enero del año 1893.



Antes de seis años, el 10 de septiembre de 1898, la emperatriz Elizabeth fue asesinada en Ginebra. Paseaba por la orilla del lago Leman con su inseparable amiga Irma, cuando un anarquista italiano, Luigi Luchenni, de 25 años, le clavó un estilete en el corazón. Los escoltas no pudieron evitar el atentado, y Sissi falleció en pocos minutos.


Tags: Valencianismo, catalanismo, carod, Montilla, Sentandreu, Coalición

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