Martes, 15 de mayo de 2007
Publicado por La_Seu @ 13:56
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Tiempos de bandoleros y rebeldes


 




Una “cuerda de presos” es conducida hacia las torres de Serranos, que durante años sirvieron de cárcel de la ciudad.




Los siglos XVII y XIX fueron tiempos revueltos, años de contiendas bélicas y conflictos civiles que serían caldo de cultivo de revueltas y que dejaron el remanente del bandolerismo



F. HERRERO/




Tiempos revueltos, sí. Tiempos agitados, airados, pero, con todo, magníficos también, como el siglo XIX, cuando el pueblo español protagonizó la hazaña de, con una mano, derrotar al más imponente ejército de la época –empujando, arrastrando y, las más de las veces, sustituyendo a los senescales de turno–, mientras con la otra proclamaba la Constitución más avanzada de su tiempo... E incluía en el vocabulario de las grandes potencias europeas dos palabras que sólo se pronuncian en castellano: “guerrilla” y “liberal”.



Tiempos también en que a la inestabilidad se unía la crisis social y la penuria. Caldo de cultivo de rebeldes y de bandoleros, primero lo uno, para acabar después, muchos, en lo segundo...



Causas sociales e históricas

Sanchis Guarner identifica dos periodos del bandolerismo valenciano, el barroco y el romántico, en el siglo XVII y en el XIX. Yo añadiría un periodo previo, autóctono y singular, el bandolerismo de matriz morisca.



Anota para el siglo XVII, el análisis de Fernand Braudel que destaca “la importancia del bandolerisme com a fenomen social durant el periode barroc, tan amic de la violencia”, para añadir que “era fonamentalment la misèria allò que impulsaba aquells pobres camperols a convertirse en bandolers”. No obstante, añade que “tanmateix, cal dir que entre els bandits valencianas d’anomenada, s’en destacà algun d’origen aristocràtic, n’hi hagué d’altres que havien estat estudiants universitaris, i fins i tot un parell d’antics frares”. También había, pués, y así lo señala, “un substrat d’activisme i d’espirit aventurer”.



Y lo mismo al referirse al siglo XIX, donde ve “als trabucaires, fugitius de la justicia, que actuaben sovint d’agentes armats en les conteses polítiques o al servei de venjances personals. Aquests roders, recialles de les guerres civils o responsables de crims passionals o simplement empesos per la misèria, solien comptar amb la complicitat dels camperols, que els consideraben com lluitadors romantics, en pugna amb un orde social poc just, en que ells tampoc no se sentien integrats”.



Tierra violenta

Pero a lo expuesto, hay que añadir la visión que visitantes forasteros de esas épocas nos han dejado de Valencia... como tierra violenta, lo que ya apuntábamos con Braudel líneas arriba, al hablar del periodo del bandolerismo barroco.



En la misma época, el francés Des Essarts, que fue embajador en la comitiva que viajó a Madrid, en 1659, para pedir la mano de la infanta María Teresa para Luis XIV, dejó escrito: ‘‘(...) Todo el Reino de Valencia se lo han repartido diversas partidas de bandoleros (...) Los jefes son temibles y a veces llegan a entrar dentro de las poblaciones, donde se hacen los amos. Han llegado incluso a atentar contra la persona del virrey (...)”. Sí. En 1652, un bandolero intentó asesinar al arzobispo-virrey Pedro de Urbina. No es extraña, pues, la referencia que Sanchis Guarner recoge de otro virrey, que habla del “pernicioso influxo que domina en este suelo –se refiere a Valencia– y que ha producido siempre semilla de los fugitivos de la justicia (...)”.



En el siglo XIX, el escritor italiano Edmundo d’Amicis, que formaba parte, en 1870, del séquito del nuevo y efímero rey de España, Amadeo I –que, dicho sea de paso, sus cualidades hubieran debido merecer mejor suerte que la que le depararon los españoles de la época– habla de la “reputación de ciudad turbulenta, luchadora, instigadora de guerras civiles, y más amante del olor de la pólvora –no creo que se refiriera a la festiva– que del perfume de sus naranjos (...)’’.



Desde los moriscos

Si las guerras que señalaron ambas épocas, y hablamos de dos grandes conflictos, a la vez militares, políticos y sociales, la Guerra de Sucesión y la de la Independencia, tuvieron como subproducto remanente partidas alzadas, que se convirtieron y alimentaron el bandolerismo, debe señalarse que este fenómeno viene de más antiguo en Valencia, del conflicto morisco, que ya había tenido conatos de rebelión a principios del siglo XVI, que no se acabaron tras la expulsión.



Hacia 1526 hubo una rebelión de moriscos en la Sierra de Espadán. Manuel Ardit cifra en 4.000 los rebeldes y en más de mil los sublevados que murieron en el enfrentamiento. Muchos moriscos huyeron a Africa tras el aplastamiento de la revuelta, pero la frustración por la derrota y el descontento por la represión dejaron un clima levantisco, que fraguó en un primer brote de bandolerismo en Valencia. Hasta tal punto llegó el conflicto que en 1563 se procedió a un desarme de los moriscos valencianos, a los que se les incautaron 25.000 armas, y aún así no se incautaron todas –ni se desarmaron los ánimos, añadimos–, como lo demuestra que durante años siguieron organizándose operaciones de este tipo.



Tras la orden de expulsión, en 1609, hubo una gran rebelión, que abarcó varias comarcas –y se hizo fuerte en la Muela de Cortes–, y aunque fue derrotada, partidas rebeldes –bandoleros de supervivencia...– persistieron hasta años después.





Tags: Valenciano, valencia, valencianismo, catalanismo, Coalició, palleter

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