Martes, 08 de mayo de 2007
Publicado por La_Seu @ 10:19
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¡Moros en la costa!



Escuadra otomana frente a un puerto del Mediterráneo. Miniatura que se conserva en el Palacio Museo Topkapi, en Estambul.



Durante la segunda mitad del siglo XVI, Valencia fue “víctima colateral” de Felipe II y las guerras contra los turcos y sufrió numerosos ataques piratas




Acabábamos de vivir el periodo de auge del reinado de Alfonso el Magnánimo (muerto en 1458), con la máxima expansión de la Corona de Aragón en el Mediterráneo –en su tiempo se le llegó a exaltar como “emperador del Mediterráneo”–, paralela a la de la pujante ciudad burguesa y comerciante que era la Valencia de la época. Y su epílogo, en la corte virreinal de Germana de Foix y el duque de Calabria (que muere en 1550). Pero en la segunda mitad del siglo XVI se volvieron las tornas...



Marginación

La llegada al trono de Felipe II y con él de un poder fuerte centralizador que encontró en Castilla –y para beneficio de Castilla– el pedestal de su monarquía absolutista, supuso la marginación de la Corona de Aragón y sus reinos. Por ejemplo, Felipe II cerró, en beneficio del monopolio de Sevilla, el comercio con América “a toda nación extranjera”, es decir, que no fuera Castilla, con lo que supuso para aquella Valencia de los emprendedores burgueses mercaderes.



Pero no fue sólo eso. Sanchis Guarner anota “una real i amarga contrapartida d’aquella frustrada expansió valenciana ultramarina, la que constituïen les incursions dels pirates de Barbaria i Turquia a les nostres costes, cada día més freqüents, puix que d’ençà la caiguda de Constantinoble, el Mediterrani havia deixat de ser un mar de domini cristià”.



La piratería

Las incursiones piratas no eran solo razias. Sí las hubo, pero también ataques de envergadura. De hecho, historiadores como Manuel Ardit, consideran que “debido al enfrentamiento entre España y el Imperio Turco, y si bien los grandes episodios de las guerras hispano-otomanas tuvieron lugar en escenarios alejados de las costas valencianas, el conflicto convirtió Valencia en un escenario secundario” –... ‘‘víctima colateral”, diría un militar ahora.



A mediados de siglo, los aliados berberiscos del Imperio Turco crecieron en poder y osadía. Si ya en 1505, una flota berberisca procedente de Argel remontó el Júcar, capturando numerosas prisioneros..., en 1540 una escuadra cristiana fue derrotada en aguas de Gandia por los piratas berberiscos, reforzados en esta ocasión por el famoso Jair Eddin Barbarroja –que de pirata pasó a convertirse en almirante del sultán Solimán el Magnífico–. Otro pirata turco celebre, Dragut, que había sido lugarteniente de Barbarroja, atacó y saqueó Cullera en 1550.



Puede decirse que la segunda mitad del siglo XVI transcurrió para Valencia bajo la impronta de la piratería berberisco-turca. En 1563 el pirata argelino Salah Rais atacó Guardamar; en 1583, corrió la misma suerte Xilxes; como Oropesa, en 1616, y Calpe, en 1653. En 1774, una flota argelina asaltó la ciudad de Alicante.



Los moriscos

La victoria cristiana en Lepanto (1571) no sirvió para poner término a las incursiones piratas de los berberiscos norteafricanos, a las que Sanchis Guarner añade: “realizadas con la complicidad, o al menos en connivencia, con los moriscos indígenas”. Ardit se refiere también a esta quinta columna cuando al hablar de la “escalada pirática a mediados de siglo, que se convirtió en una seria amenaza para Valencia”, opina también que “contaban los berberiscos con la complicidad de los moros del interior. Señala Ardit que “un conjunto de factores naturales, como la proximidad geográfica, las corrientes marinas y los vientos dominantes facilitaban las comunicaciones marítimas entre Valencia y las costas tunecinas y argelinas. Los contactos entre ambos mundos musulmanes, el valenciano y el norteafricano no se interrumpieron nunca”.



La situación alcanzó un punto de máxima tensión demográfica y social a raíz del estallido y la derrota de la revuelta morisca de las Alpujarras (1568-1570) que aumentó el número de mudéjares –que es como se llamaba a los musulmanes no convertidos– en el Reino de Valencia por la emigración de sus correligionarios granadinos que huían



“La conexión –dice Ardit– entre los musulmanes valencianos y los andaluces no llegó a producirse, y los berberiscos tampoco se implicaron de forma decidida en la revuelta de las Alpujarras”, quizás porque, como también argumenta, “los virreyes valencianos trabajaron activamente para yugular la conexión norteafricana”. En 1563 se había procedido al desarme de los moriscos y mudéjares valencianos: se recogieron, se dice, 25.000 armas... Una conexión armada de los moros de la costa y los berberiscos se hizo más difícil.



Dragut y la “torre de las calaveras”









El nombre del terrible pirata turco conocido como Dragut –en realidad se llamaba Dorghut– ha quedado sellado en la historia y la memoria colectiva de la ciudad de Cullera, que fue víctima, en 1550, del asalto y saqueo llevado a cabo por él en una de sus razias contra enclaves mediterráneos cristianos.



Pero su siniestra fama se debe también a la llamada ‘‘matanza de Djerba”, isla fortificada en la costa de Túnez, donde Dragut tenía su base de operaciones; allí y en la plaza de Trípoli, que había conquistado en 1551 a los caballeros de la Orden de San Juan del Hospital, a los que había sido cedida por Carlos I.



Felipe II quiso vengar la afrenta a su padre y a los caballeros hospitalarios bajo su protección y en 1559 armó contra Dragut una flota al mando del duque de Medinaceli, que se dirigió contra Djerba con medio centenar de navíos de guerra y unos trece mil hombres. La fuerza expedicionaria ocupó la isla, pero cayó en la trampa tendida por Dragut, que había dispersado sus barcos, en espera de la ayuda pedida a Turquía. Cuando llegó la flota otomana, en unión de los barcos de Dragut, la situación se tornó y los españoles fueron derrotados. El pirata fue implacable y sanguinario con los prisioneros. Decapitó a todos los que cayeron en su poder y con los cráneos levantó un montículo. No hay cifras contrastadas, pero la noticia histórica dice que fueron... cinco mil las cabezas con las que Dragut levantó su horripilante “torre de las calaveras”.



Tags: Valencianismo, catalanismo, carod, Montilla, Sentandreu, Coalición

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