Viernes, 20 de abril de 2007
Publicado por La_Seu @ 9:48
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Los pretiles del río Turia














Los pretiles del río desde San Pío V.



  Medio escondido por el espectacular crecimiento de la gran urbe, a la salida de Mislata, en dirección hacia Valencia, próximo al antepecho del río Turia, que entre 1606 y 1674 construyera la Junta de Muros y Valladares para defender la ciudad de Valencia de las frecuentes y devastadoras riadas que periódicamente la azotaban, se levantó sobre 1760 un pequeño monumento de barrocas características, con sus bolas, volutas y florones, con el que la Valencia ilustrada y barroquizante venía a recordar en el ornato urbano la importancia que el río Turia tuvo siempre en el desarrollo e historia de la ciudad.



Situado en la divisoria de los términos de Mislata y la ciudad de Valencia, dentro de un artístico florón, rematado por los heráldicos símbolos de la corona y Lo Rat Penat, se halla en relieve el antiguo emblema romano de la ciudad, el cuerno de la abundancia o de Amaltea; en sus extremos, el rotulado de las piedras indica al viajero el camino que debe seguir para entrar en la ciudad por la Puerta de Quart o por la Puerta de Serrans y bajo los heráldicos emblemas, en el respaldo del artístico banco que forma, una inscripción reproduce el conocido dístico de la Laus Serenae del poeta Claudiano refiriéndose presuntamente al río Turia, completado por otro apócrifo, que así rezan: “Floribus et roseis formosus Turia ripis, fructibus et plantis semper pulcerrimus undis”–cuya traducción viene a ser: “El hermoso (río Turia con flores y rosas en las riberas, con frutos y plantas siempre hermosísimos por sus aguas”.



Este sencillo monumento viene a recordarnos la culminación de unas obras, los pretiles del viejo cauce, que defendieron la ciudad de las crecidas del río de tan devastadoras consecuencias.



Las obras –llevadas a cabo por un sistema de arrendamiento y a destajo– explican la celeridad con que pudieron realizarse algunos tramos. En el transcurso de dos centurias se acabó de encauzar el río.



Se iniciaron con la construcción en 1591-1592 del tramo comprendido entre los puentes de la Trinidad y del Real, en la margen derecha del río y junto a los muros.



Prosiguieron, entre 1592 y 1596, entre el espacio comprendido entre los puentes del Real y del Mar. El cronista Escolano lo refiere en sus Décadas… y reproduce la inscripción conmemorativa: “Tras deste puente se acabó la famosa obra de los reparos y paredones del río por la parte que linda con la cerca de la ciudad, hermoseada con unos globos de piedra, que levantándose sobre unos pilarejos cuadrados de trecho a trecho, en todo el borde la pared, desde dicha puente del Mar hasta la del Real, hacen por los reflejos del río un vistoso teatro para los miradores. Desto queda por memoria una piedra fijada en una de las torres del muro enfrente de dicho paredón”.



La inscripción latina, traducida, así decía: “Rotos los muros de la gran Valencia con la avenida del soberbio Turia, hicieron esta fábrica y reparos la junta de Patricios que sigue: Simon Ros, Jurado, Gil Rosa, canónigo, prefecto de los muros y valladares por los eclesiásticos. Pedro Juan Antonio Mateo, Jurado, don Juan de Vilaragut, prefecto de los muros por los caballeros, Pedro Constanz de Soler, Gaspar Granada, Juan Bautista Colom, Marco Antonio Gamir, Jurados, Micer Francisco García, otro de los prefectos de los muros, Oñuflo Martorell, racional y Pedro de Assion, síndico de la ciudad, en el año mil seiscientos y dos”.



Ampliación

Sin embargo, el paredón más extenso, el comprendido entre la Cruz de Mislata y el puente de la Trinidad, con amplias intermitencias, se llevó a cabo entre los años 1606 y 1674. La margen derecha, desde 1729, se fue progresivamente ampliando hasta la ermita de Mont Olivet.



Por su parte, en la margen izquierda del río, las obras se fueron realizando de forma más lenta y, desde 1591 en que se iniciaron en el puente de San José hasta 1789 en que se llegó al puente del Mar, no quedaron protegidos de las inundaciones los barrios existentes en la margen izquierda del río.



Tampoco su función defensiva y estética escapó a las consideraciones del cronista Escolano cuando dice en el libro primero de sus Décadas… “Hacen estos paredones dos admirables efectos de fortificación, el uno contra las avenidas del río, y el otro de una nueva muralla, para contra ejército de enemigos, en caso que quisiesen batir la ciudad y no sólo para fortificación, pero para belleza, como está dicho son estos paredones los que notablemente la suben de punto”.



Y así es, en efecto. Su severidad herreriana responde al ideal artístico imperante a finales del siglo XVI y todo el XVII.



No obstante, a lo largo de los mismos, bancos, escalinatas y casalicios vienen a constituir su aspecto ornamental, sobre todo en el pretil derecho del río.



Cerca de donde se hallaba el azud de Rovella, la conocida como lápida de Isis, aparece junto a otra encontrada con ella en la que se grabó una inscripción latina referente al hallazgo de ambas.



Dice así: “Detente, amador de las antigüedades: Estas dos lápidas sepultadas en el álveo del río, fueron descubiertas en el año del Señor 1759 y en el siguiente se colocaron en este más próximo lugar. Di, en dónde y cuándo fueron colocadas”. Sobre ellas, un bajorrelieve circular con el cuerno de Amaltea, flores y frutos, cruzados por el rayo de Júpiter.



Cercano el puente de Campanar, fue colocada la imagen de San Pedro Pascual, labrada en 1761 por el valenciano Tomás Llopis, bajo la cual una inscripción latina, traducida, dice: “Al Dios omnipotente y grande y al invicto mártir san Pedro Pascual que lanzó y ennobleció a Valencia con su nacimiento, a las escuelas de París por sus estudios, y a la Santa Iglesia Catedral con su canonicato: al Orden de Nuestra Señora de la Merced por su profesión: a Jaén con su pontificado: a Granada con su sangre: a la Virgen madre de Dios defendiendo acérrimamente su pureza y a toda la Iglesia de Jesucristo con sus admirables excelentes ejemplos y sapientísimos escritos: el Senado y el pueblo valenciano: y los cuatro administradores de las obras públicas para contener las furiosas avenidas del río. 1761”.



Y junto a la Asociación Valenciana de Caridad, dando nombre al paseo inmediato, la enigmática y artística Pechina remata el estribo de la rampa de bajada al cauce del río.



Tags: Valencianismo, catalanismo, carod, Montilla, Sentandreu, Coalición

Comentarios
Publicado por Invitado
Martes, 05 de junio de 2007 | 19:00
me encanta!!!locoOl?!!!