Viernes, 23 de marzo de 2007
Publicado por La_Seu @ 10:04
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Alicante, baluarte defensivo y puerto comercial














‘‘Cita de Licante’’, del ‘Portolano di Mare’, de Gio Gentile.

(Biblioteca ‘Serrano Morales’. Ayuntamiento de Valencia.)



En efecto, Alicante era una de las ciudades más insignes del Reino, no tanto por el número de casas que, al decir del cronista Escolano, no pasaba de mil doscientas, como por su apacible asiento y la importante actividad comercial de su puerto. Esta actividad se vio propiciada, además, por los impuestos con que la ciudad de Valencia cargó a los navíos que entraban y salían de su puerto, cuya raíz estuvo en la ayuda pedida a los valencianos por Alfonso el Magnánimo para poder continuar la conquista del reino de Nápoles. Por su parte, las imposiciones que sobre los navíos tenían lugar en Cartagena, puerto de la corona de Castilla, potenciaron, asimismo, el puerto y la ciudad de Alicante.





A mediados del siglo XVII, Méndez Silva insiste en la importancia del puerto alicantino y la gran actividad comercial en él desarrollada por los extranjeros, más numerosos que en Valencia y Barcelona. Dice: “Uno de los famosos puertos Mediterraneos, donde surgen, y salen diversas embarcaciones, es la ciudad de Alicante, retrato de Valencia en hermosura, gracia, y regalo, cercada de fuertes muros torreados, castillo sobre peñas, guarnecido, y artillado con famoso muelle, insigne obra del Rey Don Felipe Segundo, asistiéndola don Enrique Palafox y Rebolledo, trayendo al celebrado estanque del Pantano dulces aguas, de que necessitaba, y riegan mucha tierra... Habitanla mil y quinientos vezinos, Cavalleros, Nobleza, divididos en dos Parroquias, la una Iglesia Colegial, erigida del Papa Clemente VIII, año 1600, a petición del Rey D. Felipe III, con catorce Canonigos, seis Conventos de Frayles, dos de Monjas, y tres plaças bien proveidas. Lebantola Ciudad el Catolico Rey Don Fernando el Quinto, año mil quatrocientos y noventa. Tiene por Armas en escudo un castillo sobre el mar, y encima las quatro Barras coloradas en campo de oro”.





La verdad es que la estratégica situación de Alicante en la costa mediterránea, orográficamente mejor relacionada con las tierras castellanas del interior, a través del valle del Vinalopó, que la ciudad de Valencia, la cual se veía obligada a franquear el ‘‘paso de las Cabrillas’’ en su itinerario hacia la Corte, convirtió su puerto en elemento esencial para su desarrollo. Ya en el siglo XIII, Alfonso X el Sabio, apreciando la importancia que sus playas tenían para su reino, les dio la consideración de puerto de Castilla y se construyó un muelle de unos 200 pasos de longitud por unos 36 de anchura del cual cuidaba el Concejo de la Ciudad, a cuyo cargo corrían los gastos de conservación. Una orden del infante don Juan, fechada en 30 de junio de 1433, dispuso que no se permitiera la carga y descarga de género alguno más que en el muelle de Alicante; en 1510 se habilitó la plaza de Alicante para la carrera de América y, con el fin de dar facilidades a las operaciones de carga y descarga de mercancías, se hicieron algunas obras de prolongación del muelle, reanudadas en 1582 con el objeto de tender una tubería que abasteciese de agua con facilidad a los navegantes, aunque la medida no se llevara a efecto.





Y así vemos representado su muelle, tanto en el precioso códice de Gio Gentile, el Portolano di Mare, conservado en la Biblioteca Serrano Morales del Ayuntamiento de Valencia en el que, bajo el epígrafe de ‘‘Cita de Licante’’ aparece el bastión de su castillo y ciudad amurallada, como en el lienzo que dentro de la colección de escenas referentes a la Expulsión de los Moriscos realizaran Pere Oromig y Francisco Peralta en 1612-1613 y que hoy figuran en la pinacoteca de la Fundación Bancaixa, o en uno de los detalles que configuran la predela del mapa de Valencia de A. Cassaus bajo el epígrafe de ‘‘Alicante nuevamente fortificado’’.





Y sobre su puerto y ciudad, majestuoso, campea el castillo de Santa Bárbara, nombre con el que se rebautizó el viejo y púnico Benacantil al incorporarse a los dominios de Fernando III el Santo, tras posesionarse de él el infante don Alfonso, el 4 de diciembre de 1248, festividad de la Santa. Su importancia militar hizo que en 1580 se procediera a demoler la mayor parte de las construcciones islámicas para hacer otras nuevas. El coste de los muros ascendió a 6.000 ducados, terminándose las obras en 1596, en los últimos años del reinado de Felipe II, siendo demolida la torre de la Batalla, lugar donde había luchado personalmente don Jaime II de Aragón. En la segunda mitad del XVII, el ruinoso estado de los muros, puentes y demás construcciones hizo que en 1673, durante la minoría de edad de Carlos II, se previniese al Concejo de Alicante para que las reparara en defensa de a plaza.





También el burrianense Viciana repara largamente en la importancia del castillo, siempre encomendado a alcaldes de confianza, a quienes se advertía las leyes que debían guardar de acuerdo con los fueros de Aragón y Valencia, constituciones de Cataluña y leyes castellanas; y nos ofrece alguna curiosidad sobre su emplazamiento: “Para mostrar el assiento y forma de la ciudad y castillo de Alicante, y lo que han dicho algunos que este castillo fue fundado sobre una cabeça de hombre: por soltar esta duda, se les da a saber, que una torre principal del castillo esta assentada sobre una peña, y en aquella: naturaleza ha figurado una cabeça de hombre muy al propio y natural, con la frente, ojos, maxillas, nariz, boca, y pechos, con trecho de alto a baxo de mas de quarenta palmos: y para haver se de bien mirar se ha de tomar por soslayo de la parte de la mar según el retrato siguiente”. Y así nos lo representa en una de las hermosas xilografías que ilustran su Crónica de Valencia; aspecto que perdió por efecto de la voladura del castillo en la Guerra de Sucesión.


Tags: Valencianismo, catalanismo, carod, Montilla, Sentandreu, Coalición

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