Viernes, 15 de diciembre de 2006
Publicado por La_Seu @ 14:07
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"Escribi?, en buen valenciano, su Vita Christi de la Reverent Abadessa de la Trinitat (Valencia, Lope de la Roca, 1497), obra considerada como cl?sica dentro de su g?nero"




ISABEL DE VILLENA, O. S. C.
(1430 - 1490)

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Isabel de Villena (en el siglo Leonor), monja clarisa y escritora espa?ola, naci? en Valencia hacia el a?o 1430 y muri? all? mismo en 1490. Era hija natural de don Enrique de Villena, y profes? por voluntad propia en el convento de la Sant?sima Trinidad de las clarisas de Valencia. Entre 1463 y 1490 gobern? este monasterio como abadesa, y para sus monjas escribi?, en valenciano, una vida de Jesucristo, Vita Christi, llena de citas de cl?sicos, y otros textos. El relato est? lleno de vivas descripciones realistas, dando una visi?n elegante y fresca de las costumbres de la aristocracia contempor?nea. Junto a los personajes evang?licos, sobre todo la Virgen Mar?a, a la que dedica una atenci?n especial, Isabel crea una serie de personificaciones femeninas de la Pureza, la Humildad y la Contemplaci?n, que aumentan el car?cter humanista del relato. El texto tambi?n contesta, por su gran defensa de las mujeres, a la misoginia del Espejo, de Jaume Roig, autor al que conoci?.

[Cf. C. Segura Gra??o, Diccionario de mujeres c?lebres, Madrid, Ed. Espasa Calpe, 1998, p. 710].

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ISABEL DE VILLENA, O. S. C.

Sor Isabel de Villena naci?, probablemente en Valencia, el a?o 1430 y muri? en la misma ciudad el 2 de julio de 1490. Escritora asc?tica. Hija natural de D. Enrique de Villena y Vega (1384-1434), t?o del rey D. Juan II de Castilla. Hu?rfana de padre antes de los cuatro a?os y de madre, seg?n se cree, la reina D?a. Mar?a de Castilla, mujer de Alfonso V de Arag?n y prima hermana de Isabel la Cat?lica, la educ? en su corte valenciana. Tom? el h?bito en el real convento de clarisas franciscanas de la Sant?sima Trinidad de Valencia (28-II-1445), en el cual profes? (25-III-1446) y fue abadesa (26-III-1463) hasta su muerte. Su nombre propio era el de Leonor Manuel, que troc? por el de Isabel al entrar en religi?n. Famosa por su vida espiritual, no lo fue menos por su amor a las letras. Debi? de reunir en su convento una buena biblioteca. Sin duda por esto, micer Jaime Exarch, can?nigo, pavorde, y vicario general del cardenal Rodrigo de Borja en Valencia, leg? su librer?a a la madre Villena. Bernat Fenollar y Pere Martines le dedicaron Lo Passi en cobles (1493), y Miguel P?rez, la traducci?n valenciana del Kempis, Menyspreu del mon (1491). Isabel de Villena pidi? al venerable Jaime P?rez, obispo auxiliar de Rodrigo de Borja en Valencia, que escribiera una explicaci?n del Magn?ficat, lo que hizo en 1485 con una carta dedicatoria.

OBRAS: Vita Christi, Valencia 1497 y 1513, Barcelona 1527. Se le atribuyen varios tratados y sermones y otra c?lebre obra m?stica Speculum animae, hoy perdidos. Agust?n Sales todav?a vio el Speculum en 1761 en el mismo monasterio. Bibliograf?a: A. Sales, Historia del Real Monasterio de la Stma. Trinidad, religiosas de Santa Clara, de la Regular Observancia, fuera los muros de Valencia, sacada de los originales de su archivo..., Valencia 1761.

[R. Robres, s.v. Villena, Isabel de, en Q. Aldea (dir), Diccionario de Historia Eclesi?stica de Espa?a, IV, Madrid 1975, 2768].

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ISABEL DE VILLENA, O. S. C.

Sor Isabel De Villena (1430-1490), religiosa clarisa, autora de varios tratados de espiritualidad.

Naci? hacia 1430, en Valencia. Se llamaba Leonor Manuel de Villena, hija natural de Enrique de Villena y Vega, nieto del rey Enrique II de Castilla. Hu?rfana a los cuatro a?os, fue educada por la reina Mar?a de Castilla, esposa del rey Alfonso V el Magn?nimo, en su palacio de Valencia.

El 28 de febrero de 1445 ingres? en el monasterio de la Sant?sima Trinidad, de religiosas franciscanas clarisas, que hab?a sido fundado por la misma Reina un a?o antes.

Desde el primer momento se esforz? por poner en pr?ctica las virtudes cristianas y se dedic? de modo especial al estudio de la Sagrada Escritura.

El 26 de marzo de 1463 fue elegida abadesa del monasterio, cargo que desempe?? hasta su muerte.

Isabel de Villena fue protagonista del ambiente cultural del Siglo de Oro valenciano.

El panorama cultural de Valencia en aquellos tiempos aparece particularmente animado y complejo. La introducci?n de la imprenta (1473) y las relaciones con Italia, entre otras causas, determinaron el surgimiento del Renacimiento local, que incluye paradigm?ticamente las corrientes ideol?gicas y cient?ficas m?s representativas de la ?poca. La abadesa del monasterio de la Sant?sima Trinidad, desde su clausura, no estuvo ausente del movimiento literario que hubo en su ?poca, y reuni? en su convento una buena biblioteca.

Escribi? la Vita Christi, obra que desarrolla los misterios de Cristo, desde la Concepci?n Inmaculada de su Madre hasta la Ascensi?n del Se?or. Escrita en valenciano, con estilo elegante, con cl?usulas doctas y con gran expresividad de lenguaje. Adquiere especial significaci?n la simpat?a con que trata a las mujeres del Evangelio, sobre todo a Mar?a Magdalena, y el protagonismo que les concede. Dedic? la obra a la reina Isabel la Cat?lica, que deseaba con inter?s leerla. Se imprimi? por vez primera el 22 de agosto de 1497, por orden de sor Aldonza Monsoriu, sucesora de Isabel de Villena como abadesa de su monasterio.

Escribi? tambi?n unos sermones y la obra m?stica Speculum animae, que no han llegado a la actualidad.

A instancias suyas Jaime P?rez, obispo auxiliar de Valencia, escribi? un comentario al Magn?ficat en 1485, que se lo dedic?.

Falleci? piadosamente el 2 de julio de 1490.

[A. Llin, Modelos de vida cristiana. Valencia, Edicep, 1999, pp. 21-22].

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ISABEL DE VILLENA, O. S. C.

Sor Isabel de Villena, c?lebre Abadesa del Monasterio de la Trinidad en Valencia, se llam? en el siglo Leonor-Manuel de Villena; fue hija natural del famoso Marqu?s de Villena, D. Enrique de Arag?n; biznieta de D. Alonso de Arag?n, primer Duque real de Gand?a y nieta de Juana, hija natural de Enrique II de Castilla, y por tanto, emparentada con las Cortes de Arag?n y de Castilla.

Naci? en Valencia en 1430 y se educ? junto a su t?a [o prima], la Reina D?a. Mar?a de Castilla, y apenas fundado por ?sta el Real Monasterio de la Trinidad, fue la primera que entr? en el mismo como novicia; visti? el h?bito de santa Clara el 28 de febrero de 1446, a la edad de 16 a?os, tomando entonces el nombre de Sor Isabel de Villena. En 1463, por la muerte de Sor Isabel de Solsona, ?ltima Abadesa, fue nombrada ella nueva Abadesa de su Real Monasterio, cargo del que tom? posesi?n el 26 de marzo y que desempe?? hasta su muerte. Paulo II, con fecha 7 de marzo de 1465, subsan? esta elecci?n, dispensando a Sor Isabel del defectu natalium (BF, II, n. 1282). Muri? Sor Isabel el 2 de julio de 1490, v?ctima de la peste, a los 60 a?os de edad, 45 de religi?n y 27 de cargo de abadesa.

Escribi?, en buen valenciano, su Vita Christi de la Reverent Abadessa de la Trinitat (Valencia, Lope de la Roca, 1497), obra considerada como cl?sica dentro de su g?nero, e impresa a expensas de Sor Aldonza Monsoriu, sucesora de Sor Isabel en el cargo de abadesa, y dedicada a Isabel la Cat?lica, que mostr? deseos de leerla. Se reimprimi? en Valencia en 1513 y otra vez en Barcelona el a?o 1527.

[Conrado ?ngel, Religiosos ilustres de las Ser?ficas Provincias de Valencia. Petra (Mallorca), Ap?stol y Civilizador, 1988, pp. 42-43].

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ISABEL DE VILLENA, O. S. C.

Isabel de Villena naci? en Valencia el a?o 1430, y muri? all? mismo en 1490. Religiosa clarisa y escritora. Su nombre en el siglo fue el de Elionor (o Leonor) Manuel de Villena, y fue hija de Enrique de Villena, se?or de Iniesta, despu?s de haber sido despose?do de otros t?tulos, y descendiente, por tanto, de Enrique II de Castilla y de Jaime II de Arag?n. Tras haber vivido en el palacio real de Valencia, junto a la reina Mar?a, esposa de Alfonso el Magn?nimo, ingres? en 1445 en el monasterio de religiosas clarisas de la Trinidad, de Valencia, en el que fue abadesa desde 1463 hasta su muerte. Su elecci?n para este cargo fue rodeada por comentaristas posteriores de hechos fant?sticos que indicaban que ?era voluntad de Dios que fuera elegida abadesa sor Isabel?. Mujer culta, estuvo relacionada con escritores de la ?poca, entre ellos Jaume Roig, y le fueron dedicadas obras de poetas contempor?neos, tales como Miquel Peres, Jaume Peres, Bernat Fenollar y Pere Martines.

Fue autora de una Vita Christi, editada por su sucesora Aldon?a de Montsoriu, quien la dedic? a Isabel la Cat?lica con estas frases: ?Sor Isabel de Villena lo ha hecho, sor Isabel de Villena lo ha compuesto, sor Isabel de Villena con estilo elegante y dulce lo ha ordenado, no solamente para sus devotas hermanas e hijas de obediencia que en la encerrada casa de este monasterio habitan, sino tambi?n para todos los que en esta breve, enojosa y transitoria vida viven?.

La autora narra en dicha biograf?a, la Vita Christi, los hechos de la vida de Jesucristo, siguiendo el texto de los Evangelios, ampliando ciertos episodios e intercalando escenas aleg?ricas, citas cl?sicas y patr?sticas, y comentarios piadosos. El texto queda ordenado en dos niveles distintos: el de los sucesos narrados por los evangelistas y el de los hechos sobrenaturales relacionados con los primeros. El estilo empleado es familiar, lento, gr?fico y ligeramente moroso. El l?xico es popular y expresivo, as? como la sintaxis. Se ha se?alado que la autora concibe la organizaci?n del mundo divino siguiendo las pautas de la corte real, en la que hab?a transcurrido su infancia.

[F. P?rez Morag?n, s.v. Villena, Isabel de, en Gran Enciclopedia de la Regi?n Valenciana. Tomo XII. Valencia 1973, pp. 244-245]

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ISABEL DE VILLENA, O. S. C.

[Rasgos de su vida y de su entorno, entresacados del estudio introductorio de J. Albi?ana a la edici?n de la Vita Christi de Sor Isabel de Villena, Valencia 1992].

El monasterio de la Trinidad de Valencia fue fundado por D?a. Mar?a de Castilla (1401-1458), esposa de Alfonso V el Magn?nimo. Su primera comunidad la formaron diecisiete monjas clarisas, incluida la abadesa, procedentes del monasterio de Gand?a, a las que pronto se unieron nuevas vocaciones de j?venes valencianas, siendo la primera Leonor-Manuel de Villena, en el claustro Sor Isabel de Villena, hija natural del famoso Enrique de Villena y Vega (1384-1434).

La nobleza de la sangre le ven?a a Sor Isabel por las dos ramas, tanto por la de Castilla como por la de Arag?n. En efecto, su padre era, por la rama castellana, nieto del rey Enrique II de Castilla e hijo de la princesa bastarda Juana, primo hermano del rey Enrique III y t?o de la reina Mar?a de Castilla, la esposa de Alfonso V el Magn?nimo. Por la rama de Arag?n era rebisnieto de Jaime II, biznieto de Pedro de Arag?n, nieto de Alfonso I duque real de Gand?a, e hijo de Pedro de Villena. Seg?n nuestros estudios, Sor Isabel aparece no como sobrina sino como prima tanto de Mar?a de Castilla como de su marido Alfonso V. Tambi?n aparece Sor Isabel como prima hermana de D?a. Catalina, se?ora de Cortes y gran bienhechora del monasterio de la Trinidad, ya que ?sta era hija de D. Galvany, hermano del padre de Isabel.

No se sabe nada sobre la madre de Sor Isabel, aunque la mayor?a de autores dice que fue valenciana. Lo cierto es que Leonor Manuel, nacida en 1430, hu?rfana de padre, o tal vez de padre y de madre, aparece a los cuatro a?itos de edad en el palacio real de Valencia junto a su prima la reina D?a. Mar?a de Castilla, hija del rey Enrique III y de Catalina de Lancaster, hermana del rey Juan II y t?a carnal de Isabel la Cat?lica. Nacida en Segovia en 1401, contrajo matrimonio en Valencia, el a?o 1415, con su primo Alfonso, llamado El Magn?nimo, hijo de Fernando de Antequera. Dios no le dio hijos a D?a. Mar?a, pero fue una gran reina, muy querida por los valencianos tanto por sus virtudes como por su manera de gobernar en los repetidos y prolongados per?odos en que su esposo andaba por tierras de Italia.

La peque?a Leonor Manuel creci? en el palacio real de Valencia, educada como una princesa. La vida ejemplar de D?a. Mar?a y sin duda sus consejos fueron dibujando en el alma de aquella privilegiada criatura la vocaci?n religiosa. Muy joven, antes de cumplir los diecis?is a?os, eligi? el monasterio de la Trinidad, que su prima estaba construyendo con todo cari?o, para consagrarse al Se?or.

Como hemos dicho, despu?s de la llegada de las monjas procedentes del convento de Gand?a, el de la Trinidad se vio pronto enriquecido con nuevas vocaciones; la primera fue D?a. Leonor, que tom? el h?bito el 28 de febrero de 1445 y cambi? su nombre de pila por el de Sor Isabel de Villena; el 25 de marzo de 1446, fiesta de la Anunciaci?n, hizo su profesi?n religiosa.

En el claustro pas? sus mejores horas junto a la reina, cuando ?sta se retiraba all? para vivir como una simple religiosa; a?n ahora ense?an las monjas a los visitantes lo que ellas llaman el Tocador de la reina, que es el espacio que ?sta prepar? para s? misma al construir el monasterio, en lugar apartado pero dentro de la clausura, con autorizaci?n papal. La reina D?a. Mar?a muri? el 30 de agosto de 1458, y la antorcha del amor franciscano que enarbolaba ella iba a pasar a manos de aquella ni?a a la que hab?a acogido en su palacio y que, a la edad de 34, ser?a nombrada abadesa del monasterio, para completar en el mismo con su gusto exquisito las obras que hab?a comenzado su prima la reina.

La primera abadesa del monasterio de la Trinidad, nombrada por la reina, fue Sor Violante del Poyo, que ya lo era en el convento de Gand?a y que muri? en 1461; le sucedi? Sor Isabel de Solsona, profesa en Gand?a y vicaria en Valencia, que dur? poco en el cargo porque falleci? el 25 de marzo de 1462. A ?sta la sustituy? nuestra Sor Isabel, como abadesa perpetua, que gobern? el monasterio hasta su muerte. Su nombramiento nos ha llegado envuelto en leyendas y fen?menos milagrosos. La verdad es que sus monjas la tuvieron por virtuos?sima, pues a todas exced?a en virtudes y perfecci?n.

El paso de Sor Isabel por el monasterio de la Trinidad no fue como una apoteosis esplendorosa en una noche de fuegos artificiales. Fue m?s bien como una estela de luz, que a?n hoy sigue iluminando a las religiosas del monasterio.

Consciente de su responsabilidad de abadesa, se propuso con mucha seriedad no s?lo la culminaci?n de las obras materiales que con tanta ilusi?n hab?a comenzado su prima, la reina Mar?a, sino tambi?n, y sobre todo, la reforma moral y espiritual de las monjas en el marco de una ?poca dif?cil como era aquella del siglo XV valenciano, pr?spera en demograf?a, industria, comercio, agricultura, artes, letras y ciencias, pero no tan loable en cuanto a espiritualidad y buenas costumbres. Su preocupaci?n era modelar las almas de aquellas religiosas a imagen de Cristo, tal como la hab?a concebido en su Regla San Francisco de As?s y, en la vertiente femenina, la madre Santa Clara.

Sor Isabel ech? mano de sus cualidades innatas, su gran inteligencia, la exquisita educaci?n recibida en la corte real, su tacto delicado y el respeto debido a los dem?s, para ir modelando las almas de aquellas j?venes valencianas que llamaban con frecuencia a la puerta del convento: eran numerosas y abundaban las de alta categor?a social. La santidad y la fiel observancia de la Regla de estas religiosas saltaron los muros de su convento y contribuyeron eficazmente a la reforma de otros como los de Barcelona, Mallorca, J?tiva, Teruel, y los valencianos de Santa Clara y de Jerusal?n.

Los hombres cultos de aquel tiempo admiraban y reverenciaban a la abadesa Villena, pero sobre todo hay que destacar la gran confianza y admiraci?n de todo el pueblo valenciano a estas monjas, a las que acud?a en los momentos dif?ciles apelando a su poder de intercesi?n.

Atenci?n particular merecen las relaciones de la abadesa con el rey Fernando el Cat?lico. Fueron muy cordiales, como lo testifican, por ejemplo, los siguientes hechos.

Don Fernando manifest? su gran confianza en la abadesa Sor Isabel, su pariente, al entregarle a su hija natural, Mar?a de Arag?n, para que la cuidara y educara dentro de la clausura del monasterio. Sor Isabel hace constar, en un documento escrito de su propia mano, que D?a. Mar?a de Arag?n, hija de D. Fernando, rey de Arag?n y de Castilla, fue llevada al monasterio, por mandato de su padre, el 13 de febrero de 1484, cuando ten?a cinco a?os y cerca de dos meses, pues naci? el d?a de la Esperanza, que es el 18 de diciembre. M?s tarde, la hija de D. Fernando hizo su profesi?n religiosa, convirti?ndose en Sor Mar?a de Arag?n y perseverando en el mismo monasterio hasta su muerte, ocurrida el 5 de septiembre de 1510, a los 26 a?os de su edad. Fue enterrada en modesto mausoleo bajo el coro de la iglesia, a la parte derecha, donde antes de la revoluci?n de 1936-39 se ve?a su l?pida funeraria.

Por otra parte, el rey D. Fernando don? en 1487 al monasterio de la Trinidad, como ampliaci?n del mismo, el convento franciscano de Santo Esp?ritu del Monte (Gilet) con todos sus derechos y dominios. Este convento hab?a sido fundado en 1404 por la reina D?a. Mar?a de Luna, esposa de Mart?n el Humano, cuando ten?a ella de consejero espiritual al franciscano Francisco Eximenis. D. Fernando se considera sucesor de los fundadores Mar?a y Mart?n, de los que es biznieto, y entrega el convento a las clarisas para que lo habiten dependiendo y en estrecha comuni?n con la abadesa y comunidad del monasterio de la Trinidad. Al parecer, las monjas no llegaron a establecerse en Santo Esp?ritu, donde siguen hasta hoy los franciscanos.

Adem?s, Fernando el Cat?lico hizo importantes concesiones de car?cter econ?mico a Sor Isabel y su monasterio, que facilitaron a la abadesa la continuaci?n de las obras emprendidas por D?a. Mar?a de Castilla.

Pero las obras materiales, con ser muchas e importantes, no pueden compararse con el ejemplo y la dedicaci?n con que Sor Isabel se entreg? a la formaci?n espiritual de aquellas religiosas que hab?an abrazado, y profesado con votos, una forma de vida seg?n la Regla franciscana, iluminada por una fuerte espiritualidad en el marco de una vida en pobreza y austeridad.

Y en ese marco sublime, que s?lo los escogidos saben paladear, vivi? y muri? Sor Isabel de Villena, la abadesa m?s importante que ha tenido el monasterio de la Trinidad de Valencia. Sor Aldon?a de Monsoriu, sucesora suya en el cargo y editora de su Vita Christi, deja en esta obra una nota en la que dice que, entre las numerosas muertes del a?o 1490 a causa de la peste, el 2 de julio, viernes, d?a de la Visitaci?n de Ntra. Se?ora, a los 60 a?os de su virtuosa edad, Sor Isabel termin? su vida mortal para pasar a la inmortal, y experimentar as? la excelencia y fiesta que hab?a querido describir, y recibir en la patria eterna una cumplida retribuci?n de los de los 45 a?os tan provechosamente pasados en el monasterio, durante 27 de los cuales hab?a sido meritoriamente prelada o abadesa.

No nos es f?cil descubrir en qu? escuela adquiri? Sor Isabel su formaci?n teol?gica, ni qui?nes fueron sus maestros y los libros que utiliz?. En la corte de la reina D?a. Mar?a, donde Isabel creci? y se educ?, aparecen los nombres de sacerdotes seculares, de franciscanos y dominicos, confesores y consejeros de la reina, algunos de los cuales pasaban la vida en palacio. No es de extra?ar que la reina, tan interesada en los temas religiosos, destinara a alguno de estos grandes maestros a la educaci?n y formaci?n de su prima, a la que consideraba como hija suya y a la que hizo tratar en palacio como princesa.

Es cierto que en la corte real aparecen maestros muy significados, como el dominico Pedro Queralt, predicador en las exequias de D?a. Mar?a, que la hab?a fascinado con su brillante oratoria en las cortes de Villafranca; la reina se dej? influir por los dominicos hasta el punto de suspender en 1452 el decreto que ella misma hab?a dado, por influencia franciscana, en defensa de la Inmaculada Concepci?n alegando como raz?n de su obrar as? ?que no es de nuestra incumbencia examinar ni juzgar opiniones defendidas por te?logos eminentes?. Este decreto tuvo que dolerle en lo m?s profundo del alma a Sor Isabel, ya monja clarisa profesa, y por eso escribir?a m?s tarde, poni?ndolas en boca de Jes?s, estas dur?simas palabras contra los detractores del misterio de la Inmaculada Concepci?n: ?Yo, que por naturaleza soy clemente y omnipotente, he preservado a mi madre de aquella ley com?n que hice, airado por el pecado de Ad?n, que todos los hijos de ?l en adelante fuesen concebidos en pecado, la cual ley no fue hecha para mi madre. Y os digo que es muy miserable de coraz?n quien cree lo contrario, y es de r?stica naturaleza quien quiera igualarla en todo a las otras criaturas, y m?s bestia que persona quien no sabe hacer diferencia de persona a persona, porque ?sta a quien tal dignidad se comunica de ser madre m?a no debe ser igualada con las otras, antes bien sobre todas exaltada, loada y magnificada?.

Sea lo que fuere, lo cierto e irrebatible es que Sor Isabel de Villena se nos presenta en su Vita Christi como una mujer que sab?a -cosa rara en su ?poca- mucha teolog?a y que tuvo el don de revestir con el ropaje de las figuras literarias y de una depurada expresi?n valenciana la mejor Vita Christi de su tiempo, convertida realmente en una selecta mariolog?a. A este respecto escrib?a Jaime Barrera que Sor Isabel de Villena iguala en riqueza teol?gica y en erudici?n a todos los autores de las Vita Christi, aunque se llamen Ludolfo de Sajonia, e incluso los supera en riqueza literaria, en gracia discretamente ret?rica y en fantas?a, cualidad nada despreciable en un artista. En la misma l?nea, D. Ram?n Arnau, en un trabajo de investigaci?n teol?gica, escribe: ?El lector de la Vita Christi de Sor Isabel de Villena, a poco avezado que est? en el manejo de los libros hom?nimos aparecidos entre los siglos XIV y XV, halla en el de la Abadesa de la Trinidad un algo de peculiar que lo distingue de los restantes. Varias son las notas desde las que pueden establecerse las diferencias entre ellas, aunque en verdad lo que identifica la Vita Christi de Sor Isabel no es esta o aquella singularidad, sino la original contextura teol?gica que la armoniza. [...] Villena no fue una profesional de la teolog?a, ello no quiere decir que no la conociese bien o que a la hora de escribir su obra no lo hiciese con preocupaci?n y con esquema teol?gicos. La Vita Christi de Sor Isabel es, adem?s de un tratado de espiritualidad, un aut?ntico libro de teolog?a?.

La clarisa Sor Isabel era, por supuesto, una franciscana de h?bito y de coraz?n, as? como de estudio y de formaci?n. Durante su permanencia en el palacio real, la mayor parte de los religiosos que aparecen por all? son franciscanos. Y sin duda, alguna lecci?n debieron darle aquellos sabios y venerables frailes. Es cierto, aunque con un m?nimo de reserva, que desde que tom? el h?bito en el monasterio de la Trinidad hasta su muerte, estuvo en contacto con los frailes del Real Convento de San Francisco de Valencia, los cuales sobresal?an por su fama de santos y de sabios. Los autores franciscanos, desde el Doctor ser?fico San Buenaventura hasta el Doctor sutil el Beato Juan Duns Escoto y sus m?s destacados disc?pulos, eran le?dos y estudiados en Valencia en tiempos de Sor Isabel.

La famosa abadesa no se quedaba atr?s, dedicando muchas horas de su recogida vida de claustro al estudio. Su gran ingenio y su envidiable capacidad de s?ntesis la hicieron capaz de regalarnos ese c?mulo de citas b?blicas y patr?sticas en su obra. Con gran destreza lo hace notar Jaime Barrera: ?Hay que remarcar que Sor Isabel nunca cita el nombre de ninguno de los autores que centenares de veces pone a contribuci?n de su narraci?n, y uno se encuentra con la cita patr?stica como con una perla ca?da de la pluma abacial de Sor Isabel; la doctrina que entra?a la cita parece que mana ex visceribus rei, de las entra?as del asunto, como quieren los que han estudiado preceptiva literaria en la escuela de Quintiliano. As? evita el tono doctoral del dice San Bernardo, cuenta Hugo de San V?ctor; y el libro de la monja, ya s?lo por este motivo, desovilla con m?s naturalidad y menos ?nfasis el hilo de oro de su prosa m?stica?.

Dentro del tema de la formaci?n teol?gica de nuestra clarisa conviene recordar estas palabras de Alberto G. Hauf i Valls en su importante estudio sobre la Vita Christi de Sor Isabel de Villena: ?Sor Isabel estaba, al parecer, muy bien relacionada con la flor y nata de la intelligensia valenciana del momento y consta que hab?a rogado al obispo Jaume P?re? que preparara para ella comentarios de los salmos, de los himnos feriales y de textos de S. Ambrosio y de S. Agust?n, as? como una exposici?n del Magn?ficat que ha llegado a nosotros y cuyo pr?logo, escrito como el resto del libro, en un lat?n nada despreciable, dice much?simo de la curiosidad intelectual y de la formaci?n teol?gica de la monja?.

Alguien ha querido comparar a Sor Isabel de Villena y a Sor Mar?a Jes?s de ?greda. La verdad es que son dos mujeres, dos monjas, dos abadesas, dos autoras de la vida de Jesucristo; pero dos formas muy diferentes de concebir esa vida y su expresi?n literaria.

No cabe duda de que Sor Isabel fue en su tiempo un verdadero ejemplo entre las mujeres de la corte y del claustro. Bien se puede afirmar que fue como un s?mbolo de la mujer intelectual que se eleva, ayer y hoy, como modelo para todas las mujeres. Hay que tener presente que, a lo largo de los doce a?os de permanencia en el palacio real de Valencia, bajo la tutela de la reina Mar?a y en compa??a de aquel grupo de personas distinguidas que la ayudaban en el gobierno, cont? con buenos maestros para cultivar su inteligencia privilegiada.

El simple estudio de la Vita Christi, aun limit?ndose a su estructura formal, nos revela un ser superdotado, con un bagaje de conocimientos y una facilidad de pluma nada comunes. Conocedora de nuestra literatura valenciana y de sus hombres m?s importantes, su dominio del lenguaje queda patente a trav?s de su obra.

En cuanto a libros, muy bien pudo haber utilizado los de la biblioteca de la reina Mar?a, en la que abundaban los de temas religiosos, tal como aparece en el Inventari publicado despu?s de su muerte. Igualmente pudo usar los de la biblioteca de los franciscanos y los de las de otros contertulios suyos.

Es admirable la facilidad que muestra Sor Isabel para traducir y glosar o comentar los textos latinos. Es m?s, cuando usa con reiteraci?n en su obra como un sonsonete volent dir (quiere decir), no se limita a traducir el texto latino, sino que hace una verdadera ex?gesis o comentario, tal como hac?an los Santos Padres y los mejores te?logos. Para entender esto hay que tener presente que en la Valencia del siglo XIV, seg?n fray Francisco Eximenis, hab?a buenos maestros para ense?ar las principales lenguas, entre ellas el lat?n. Y no cabe duda que Isabel tuvo excelentes maestros, pues dominaba perfectamente la lengua latina. Podemos suponer que, dada su cultura, ya antes de entrar en el monasterio hab?a recibido lecciones particulares de alguno de aquellos latinistas de la corte, tan acostumbrados a traducir y redactar los documentos reales, o de los religiosos que frecuentaban el palacio por raz?n de sus cargos o por la amistad que los un?a a la reina, y que no eran pocos.

En tiempo de Sor Isabel, el convento de la Trinidad deb?a ser un cen?culo literario al que acud?an los grandes poetas y escritores valencianos. La alta consideraci?n en que aquellos hombres importantes ten?an a la abadesa se hace patente en la cantidad de escritos y obras que le dedicaron.

Sor Isabel, a su vez, es heredera de un lenguaje ya perfectamente estructurado, hablado en la ciudad y en los pueblos del Reino de Valencia, y escrito por sus hombres de letras, muchos de los cuales frecuentaban el trato y la correspondencia con la abadesa de la Trinidad.

Como resumen digamos que el estilo de Sor Isabel es sencillo y elegante, realista en las descripciones hist?ricas, lleno de emoci?n y ternura al tratar las escenas de la infancia y de la muerte de Jes?s, l?rico en lo que se refiere a la m?stica, y popular en su conjunto, pero teniendo en cuenta lo que dir?a m?s tarde fray Luis de Le?n en Los nombres de Cristo: ?Que el bien hablar no es com?n, sino negocio de particular juicio, as? en lo que se dice como en la manera como se dice. Y negocio que de las palabras que todos hablan elige las que convienen, y mira el sonido de ellas, y a?n cuenta a veces las letras, y las pesa, y las mide, y las compone, para que no solamente digan con claridad lo que se pretende decir, sino tambi?n con armon?a y dulzura?.

Digamos por ?ltimo que las ediciones de la Vita Christi de Sor Isabel de Villena, en los treinta a?os siguientes a su muerte, a pesar de las dificultades y costes de la imprenta en aquel tiempo, fueron tres: la primera se imprimi? en Valencia en 1497 y es considerada como la edici?n pr?ncipe; la segunda se imprimi? el a?o 1513 tambi?n en Valencia; la tercera, en cambio, se imprimi? en Barcelona el a?o 1527. Y ya no se volvi? a imprimir hasta el siglo XX.



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