Hace tiempo que el agua del Turia, no llega al mar en Valencia, las acequias y el nuevo cauce, dispersan el corto caudal por muchos rincones del contorno.
El viejo lecho, donde se encontraba el puerto de las barcas, junto a Serranos es ahora un jardín.

Exposición de la maqueta del arquitecto Ricardo Bofill en la Lonja. Valencia
Treinta años del cauce más verde
Las tres décadas pasadas desde la cesión del jardín del Turia a Valencia han servido para transformar un barrizal repleto de escombros y cañaverales en el jardín más singular de la ciudad
Los necesarios túneles de las marginales
Si algo permite el acceso fácil y sencillo al jardín del Turia es la construcción de túneles en ambos lados de las marginales, que eliminan buena parte del tráfico rodado en superficie. Desde los años 90, esta ha sido la estrategia del Ayuntamiento, sobre todo en aquellos lugares donde hay cruces con los puentes.
Los túneles de Menéndez Pidal, paseo de la Pechina y el llamado del IVAM se encuadran en esta intención. Problemas no han faltado, como la aparición en este último paso inferior de restos de la muralla cristiana, que estuvieron a punto de dar al traste con esta obra, vinculada al puente de las Artes. También resultó accidentado el de la Pechina, que al final se resolvió uniendo dos túneles para evitar las fuertes protestas vecinales.
Al puerto se llegará por un jardín
La ansiada conexión del viejo cauce con la futura marina de ocio ha tenido una aliada inestimable con la designación de Valencia como sede de la Copa América
En el arranque del siglo queda todavía la gran ambición, la de caminar tranquilamente entre setos y árboles para toparse con el mar. El concurso de ideas de la marina del puerto dira cómo se hará ese sueño y los promotores del barrio del Grao aportarán el cuándo, en lo que se considera el gran remate del viejo cauce.
PACO MORENO/ VALENCIA
De la mano del gran evento náutico que ha transformado el puerto para siempre, también llegará la culminación del sueño de muchos, Bofill por ejemplo, que en su maqueta había dispuesto un bulevar que desembocada en la orilla de la dársena.
Ahora es también el momento de los arquitectos, 135 para ser más exactos. Es el número que se ha presentado al concurso de ideas, una iniciativa del Consorcio Valencia 2007 para decidir qué hacer con los espacios ganados para la Copa América una vez se vayan los equipos a otras aguas.
La alcaldesa Rita Barberá, después de un fallido intento en solitario por parte del Ayuntamiento, incluyó el nuevo barrio del Grao y los últimos tramos del viejo cauce en el concurso de la marina. El número de viviendas no cambiará ni un espacio afectará a otro, salvo para darles sentido, como un itinerario que acabará en la nueva zona de expansión de la ciudad.
Barrios a ambos lados
Al otro lado del barrio del Grao, varias empresas ya han empezado la urbanización de lo que se conoce como bulevar de las Moreras. Se trata de la conexión entre Nazaret y la Ciudad de las Artes, donde la gran transición serán las tres torres diseñadas por Santiago Calatrava y que siguen a la espera de ofertas que deseen hacerse cargo de los que serán edificios más altos de España.
Todavía es pronto para definir el itinerario, aunque de momento ya se ha descontaminado una amplia franja de terrenos, también afectados por los vertidos industriales durante décadas. Las máquinas trabajan ahora justo en la desembocadura, entre el puente de Astilleros y el puerto, junto a Unión Naval.
Esta empresa forma parte del proyecto del Consorcio para la marina. La intención es que su traslado, una vez acabe la concesión, sirva para facilitar el espacio de la conexión entre el cauce y el puerto.
Los proyectos pendientes en el cauce no acaban en la conexión con el mar. En la zona monumental, entre las torres de Serranos y el Museo de Bellas Artes, la mayor parte de los tramos tienen una urbanización provisional, con campos de fútbol de tierra y simples praderas de césped, debido al retraso en el ajardinamiento definitivo.
De la parte más cercana al Museo de San Pío V se encarga la concejalía de Cultura, debido a que la intención es crear un jardín de esculturas, todavía sin presupuesto. Sobre los campos de fútbol, la alcaldesa comentó hace poco su intención de colocar césped artificial.
Valencia
Cuando los Reyes regalarona Valencia su río
Hace 30 años, don Juan Carlos firmó en Valencia el decreto de donación a la ciudad del viejo cauce del Turia
F. P. PUCHE
Todavía se llamaba plaza del Caudillo y tenía plantada la estatua ecuestre del dictador. Pero los Reyes se asomaron al balcón principal del Ayuntamiento, acompañados del alcalde, Miguel Ramón Izquierdo, y miles de valencianos les aclamaron. Por encima de las dudas, había esperanza; por encima de los temores y recelos, la libertad estaba llamando a la puerta y se estaba haciendo posible una España en la que tuvieran cabida todas las ideas capaces de respetarse en paz. Y fue entonces cuando el rey, en el curso de su parlamento ante los valencianos, dijo: “Es para mi una gran satisfacción comunicaros que, de ahora en adelante, las tierras del viejo cauce del Turia serán patrimonio de Valencia”.
Tras la muerte de Franco, en noviembre de 1975, este era el primer viaje oficial de don Juan Carlos a Valencia. Unas semanas antes había estado en la Ford, para inaugurar la nueva planta de fabricación de coches. En el balcón del Ayuntamiento, en respuesta al discurso de bienvenida del alcalde, Miguel Ramón Izquierdo, el monarca hizo un anuncio trascendental destinado a cambiar la orientación y el paisaje de la ciudad de Valencia para siempre. Porque Valencia, ciudad con dos ríos, podía destinar el viejo cauce, ahora, a cumplir su sueño de convertirlo en parque.
El editorial de LAS PROVINCIAS del 1 de diciembre de 1976 fue inequívoco: “De esta manera, sin protocolo, empieza para Valencia la difícil tarea de administrar, y de administrar bien, el destino del viejo cauce del Turia”. Era una alusión directa al dilema del momento: porque los ciudadanos, encabezados por nuestro periódico, reclamaban la conversión del Turia en parque; y los dictámenes oficiales, sin embargo, todavía hacían previsión de que la autopista de Madrid entrara por el viejo río hasta encontrarse con la del Mediterráneo a la altura del actual Parque Oceanográfico.
Un buen uso
LAS PROVINCIAS, que llevaba varios años reclamando ese cambio de destino, veía más cerca el sueño. Y saludaba, con prudente alegría, unas palabras de advertencia que el Rey había situado en su discurso tras anunciar la concesión: “Estoy seguro de que la ciudad sabrá ponerlas (las tierras del cauce) al mejor uso, para beneficiar a todos los valencianos”.
El 1 de diciembre, en Gobierno Civil, se celebró un acto solemne en el que el Rey firmó el decreto de donación a la ciudad del viejo cauce del Turia. Con la anuencia de Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, dos valencianos lo habían preparado todo junto con el alcalde: Federico Trénor, subsecretario de Hacienda, y Fernando Abril Martorell, ministro de Agricultura. Eduardo Carriles, ministro de Hacienda, se vino a Valencia a bordo de un “Mystere”, con el decreto bajo el brazo, y el Rey lo firmó solemnemente.
Todavía hubo complejas reticencias. El alcalde llegó a proponerlas y LAS PROVINCIAS las expresó durante el viaje mismo de los Reyes. Parecía un desaire, pero era preciso decir que faltaba suelo, que el Ministerio de Hacienda se había reservado parcelas sustanciales de una zona, mal catalogada, que sin ser huerta del término de la ciudad, tampoco estaba claro que fueran cauce estricto del río. Esos terrenos de nadie, zona de aluvión del Turia, pasaron con el tiempo a ser también de la ciudad. Y son ahora nada menos que el solar de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, probablemente una de las parcelas de tierra más valiosas de España.
Todo empezó con un libro
El deseo de Valencia de convertir el viejo cauce del Turia en un parque empieza con la edición facsimil, en los talleres de LAS PROVINCIAS, del libro “Murs i Valls”, la institución foral que se había ocupado de los puentes, valladares y pretiles del río. El afecto por un viejo libro se convirtió en operativa campaña del periódico por alterar la historia prevista: de ahí, del empeño editorial del diario decano de Valencia, nace el impulso cívico que llevó a pedir que el Turia fuera verde. La Transición valenciana, la demanda de democracia y libertad, en nuestra ciudad, se tiñó de verde: una forma de rechazar el franquismo fue pedir el parque. Y el Ayuntamiento de Miguel Ramón Izquierdo tuvo que seguir la pauta del clamor popular.
Tuvieron que pasar muchos años hasta que el Turia se convirtiera por entero en parque. Treinta años después todavía sigue la transformación en algunos puntos. Hasta 1985 no dejó de pasar agua bajo los puentes, aunque fueran aguas fecales de alcantarillado. Pero el esfuerzo no ha sido baldío: el eje verde del río Turia es hoy sustancial para la nueva Valencia.