Viernes, 24 de noviembre de 2006
Publicado por La_Seu @ 19:18
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La isla de X?tiva y la ?Mediterr?nia?

Ricardo Garc?a Moya

(Articul publicat en Las Provincias el 20 de setembre de 1992, tret de

www.garciamoya.cjb.net)

No les nacieron "incordios" (tumores dolorosos) en las ingles, el escorbuto no diezm? la tripulaci?n, batieron tiempos de navegaci?n, descubrieron islas y estrechos, se enfrentaron a piratas franceses, contactaron amistosamente con desconocidas etnias y no violaron a sus mujeres. Todo ello no constituye el argumento de una pel?cula filmada para los fastos del 92; se trata del asombroso, por lo perfecto, viaje al mundo inc?gnito que efectu? el valenciano Diego Ram?rez por encargo real en 1619. Hasta tal fecha, los ge?grafos dec?an que "Am?rica termina en el estrecho de Magallanes" (Su?rez, C.: "Plaza de todas las artes", Madrid, 1615, p. 165), siendo un misterio las tierras m?s meridionales. En realidad, aunque dos a?os antes un nav?o holand?s hab?a divisado el sur austral, nadie ten?a certidumbre de su dimensi?n, si exist?an ensenadas, lugares para ser colonizados y, especialmente, otro estrecho que no fuera el de Magallanes.

La haza?a de Diego Ram?rez, natural de "X?tiva en el Reyno de Valencia", como ?l mismo anot? en su diario de navegaci?n, comenz? en el puerto de Lisboa un 27 de septiembre, cuando dos barcos con "Artiller?a, mosquetes, picas, chuzos (...) y marineros portugueses que iban como por fuerza, persuadidos de ser la navegaci?n remota y dificultosa", iniciaron su aventura. En contra de los pron?sticos, todo result? satisfactorio y "caus? admiraci?n la brevedad con que pusieron en efecto el mandato del Rey, pues en diez meses fueron, vieron y vinieron; ninguno peligr?, ni le doli? la cabeza" (Gonz?lez, G.: "Teatro de Grandezas." Madrid, 1623, P.112).

Este verano, al examinar los manuscritos originales de Ram?rez, me llam? la atenci?n el top?nimo que impuso a la Tierra del Fuego, ahora perteneciente a Chile y Argentina. Con la caligraf?a propia del cosm?grafo real -cargo que ostentaba el marino valenciano- nombr? al te rritorio "Isla de X?tiva" y, al estrecho que descubri?, de San Vicente M?rtir, patr?n de Valencia ciudad, en cuya Universidad hab?a estudiado. En sus apuntes, Ram?rez describe cient?ficamente las caracter?sticas de los nuevos territorios y las an?cdotas sucedidas que, en alg?n caso, dejaron huella en la cartograf?a. As?, la ?nsula en que fue sorprendido por leones marinos, "que rechaz? con un chuzo", hoy se llama Isla de los Leones.

Incomprensiblemente, en la Enciclopedia Catalana aparece como "castellano" este marino que propag? claramente su valencian?a. Por ejemplo, al descubrir el estrecho de San Vicente, "pusieron banderas, dispararon la artiller?a, dando el nombre de cabo Setabense a una de sus puntas, de muy lindas ensenadas" (f.33). Es obvio que Ram?rez a?oraba a "X?tiva del Reyno de Valencia" y su clima, pues la proximidad a la Ant?rtida ofrec?a d?as "muy fr?os, cerrad?si mos de niebla, que casi los de un nav?o no ve?an al otro" (f.30).

Ram?rez quiso perpetuar el nombre de X?tiva en las nuevas tierras, pues el de Valencia ya figuraba en varios lugares de las Indias, circunstancia conocida por el cosm?grafo. Precisamente, pocos a?os antes, el lun?tico vasco Lope de Aguirre (protagonista de "El Dorado", filme de Saura), anduvo por nuestra capital hom?nima: "Sali? el tyrano de nueva Valencia con no venta cabalgaduras", para encon trar la muerte y ser "colocada su cabeza en la villa de Tucuyo" (He rrero, A.: "Historia de Felipe II", Madrid 1606, p. 486).

Diego Ram?rez, leal a su tierra, propagaba los top?nimos valencia nos en el fin del mundo. ?Qu? con traste entre el cosm?grafo de J?tiva y los catalaneros actuales, empe?ados en substituir todo lo que recuerde a Valencia por el anodino "Mediterr?nia". Est?n tan ciegos que emplean m?s dinero en promocionar un s?lo vocablo catal?n que en el presupuesto para prevenci?n de incendios forestales en la Comunidad Valenciana. Ram?rez sentir?a verg?enza de ellos.

El setabense adquiri? la inmortalidad sin vender su valencian?a. El cronista de Felipe III, Gil D?vila, no ocultaba su admiraci?n hacia, "Diego Ram?rez, natural del Reyno de Valencia, que estudi? vientos, tiempos, alturas y grados; sonde?, observ? y demarc? sitios, haciendo inmortal su nombre en los extremos del mar y la tierra". Ram?rez no era Reche, y en consecuencia, no puso el nombre de Mediterr?nia a ninguna costa austral, aunque dej? cons tancia de su haza?a. En la tarde del 10 de febrero; "despu?s de observar algunas ballenas, se descubri? una isla, al qual llam? de mi nombre" (f.37). Hoy son las Islas de Diego Ram?rez, junto al cabo Setabense y el puerto del Buen Suceso, los escasos testimonios de aquella aventura, pues, injustamente, los ingleses modificaron los top?nimos; as?, el barco que transport? a Darwing dio nombre al canal del Beagle, ya explorado por nuestro marino.

Respecto al naturalista ingl?s, hay un hecho sorprendente: com parando los apuntes de Darwing -tomados en 1832, cuando visit? el sur de la isla de X?tiva- y el diario de Diego Ram?rez, se observa la coincidencia de observaciones de uno y otro; especialmente las refe rentes al encuentro con ind?genas del "Puerto del Buen Suceso". Se dir?a que Darwing copi? el manuscrito de Ram?rez -posibilidad totalmente absurda-, y es que impresiona que un valenciano nacido en el siglo XVI alcanzara el nivel de an?lisis equivalente a uno de los grandes naturalistas de todos los tiempos. Incluso hubo coincidencia en una situaci?n c?mica: ambas tripulaciones se mosquearon por la extraordinaria capacidad de imitaci?n en gestos y voces de los setabenses del fin del mundo.

Por cierto, no estar?a de m?s que la Generalidad ?valenciana?, se dignara recordar a este compatriota ilustre, cuya vida bien podr?a llevar se al celuloide; pero, claro, Ram?rez no tiene tanto inter?s como los protagonistas de aquella vergonzosa "Tramontana", que ya descansa en el infierno de los subproductos est?ticos. Si hubiera afirmado que era catal?n, ser?a otra cosa.
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