_______Mosatros els valencians___

lunes, 13 de noviembre de 2006

Simbolos de Valencia, del Senia al Segura.(I) Real Señera

Senyal Real

La primitiva señera pertenecía al monarca aragonés (según proclamaban todos los textos de los siglos XII y XIII, como
el del provenzal Peire en 1285: "fai nomnar rey darago, lo senhal del basto").


En l’incorporacio del regne musulma de Valencia a la cristiandat a mans del rei Jaume I, escomença l’heraldica actual valenciana. En ella, tal volta expressant la dualitat de l’esperit valencià sempre enfrontat germa contra germa, coexistiran dos simbologies que encara perduren en diversos escuts; estes son una ciutat sobre les aigües i l’atra, mes apreciada pels valencians, sera les barres del Rei en losange, dos en un principi i coronades des de 1377 per orde del Rei Pere II de Valencia, el Cerimonios, i que mes tart quedarien ampliades a quatre.
Jaume I nos otorgà la nostra forma juridica: els Furs de Valencia que si be foren compartits en el nostre territori durant mes d’un segle en atres lleis foranees acabaren sent adoptats per totes les ciutats i viles. Tambe nos concedi l’us de la seua bandera, que sent “Senyal Real” era de tot el Regne i no a soles de la Ciutat de Valencia com alguns han volgut fer creure.

Hem de tindre en conte que la Ciutat de Valencia era el Cap i Casal del Regne, un regne que precisament havia pres el nom de la ciutat. (circumstancia que ara tan nos perjudica, gracies a la desmembracio nacional que patim, per rivalitats ciutadanes fomentades i interessos aliens als del nostre poble, perque l’unio fa la força i si estem desunits mai tornarem a ser forts i dignes). Cosa que des de Roma i el seu imperi era prou habitual en esta epoca veja’s sino el cas de la ciutat de Leon i el seu regne, les republiques italianes de Genova i Venecia... Moltes voltes els jurats i consellers de la capital parlaven en nom de la “Ciutat e Regne de Valencia” perque en numeroses ocasions representaven a totes les ciutats del regne, recordem el cas de Vinatea en el segle XIV.


Des de temps de Jaume I, per concessio del rei, totes les viles que obtenien el titul de reals, conseguien els mateixos privilegis que la Ciutat de Valencia i eren viles junt a la Ciutat de Valencia i totes juntes formaven l’estament real de la Diputacio General i de les Corts Valencianes, i totes adoptaven les armes de la Ciutat i Regne de Valencia. Si nos fixem ara en els escuts de totes les ciutats i viles reals vorem vestigis de les dos simbologies que he mencionat ades (en la ciutat d’Alacant perviuen les dos), sobre tot de la losange en les barres del rei d’Arago coronades.

Es dir “les armes que ostentava la Senyera Real i de la Ciutat de Valencia, en barres coronades en el teixit, mes el Rat Penat (no el Drach alat del rei) sobre l’asta, eren i son representatives de tot el territori valencià”.(3)
Tants anys d’imperialisme castellà i uns quants de catala han conseguit en part borrar gran part de la memoria historica dels valencians i confondre-nos prou, pero lo ben cert es que ya en els furs constava que: “tots els cavallers de la Ciutat o del terme o de qualsevol lloc que foren estaven obligats a seguir a la Senyera”. La disposicio nomenada prova que la Senyera havia de ser seguida per tots els subdits del rei i per tant per tots els del Regne. Aço es recordava cada volta que esta anava a traure’s.

Com a eixemple d’esta obligacio transcric les ordenacions fetes pel consell de la ciutat en decembre de 1356 en motiu de la guerra en Castella. Dien aixina:

“- Que tot lo mon, tant d’a peu com d’a cavall, estiguera a punt per a seguir a la Senyera quan repicara la campana de la Seu.
- Que quan ixca la Senyera vagen alguns homens per l’horta avisant-ho.
- Que s’escriguera a Morvedre, Burriana i Vall d’Uxo per a que els seus homens vinguen a seguir a la Senyera.”

Como es sabido, la imagen de la Real Señera en pergaminos medievales como el de 1410 (B.N.París, Ge. B. 8268) testifica la presencia de la franja azul con la corona y, también, las dos barras de la antigua señal real de Jaime I.
En 1459, cuando era habitual el modelo de cuatro, Jaume Roig citaba los bastones de oro coronados ("Spill"), aludiendo a la corona otorgada por el rey y que -a fines del XIV- ya figuraba sobre las dos barras de la moneda del Reino de Valencia

Tenemos multiples referencias a lo largo de la historia. Nuestra Real Señera fue voluntad soberana, y los albaranes que detallan el costo de "brodar la corona" con hilos de oro, así como "les alnes de tela gostança blava"y la plata del Rat Penat demuestran que nuestros antepasados querían que la enseña fuera una joya vexilológica. Para los actos festivos encarga- ban otras de menor valor a artesanos como Joan Cardona, autor de señeras "barrades de or y de grana ab ses corones de dalt daurades y laborades al oli" para la entrada de Carlos I.

Pero nuestra Real Señera no era simplemente un símbolo festivo, era la representación del mismo reino. Por ejemplo, el 7 de junio se activó la maquinaria bélica del Reino con la protocolaria colocación de la Real Señera en las Torres de Serranos; acción que significaba la declaración de guerra "a sang y foc". Durante los días en que la bandera estuvo expuesta en las torres –mientras las fuerzas del Reino iban organizándose-, jamás permaneció sin custodia: "la guardaren de dia y de nit
vint homens del Centenar de la Ploma.

Parece que no existía en la Corona de España -y puede que en ningún otro reino europeo- una bandera que tuviera
para su defensa una compañía armada, como sucedía con la Real Señera. Sobre el aspecto que ofrecía en 1526, si
observamos su imagen en los portulanos de la Hispanic Society of America, vemos que era idéntica a la actual, con
barras coronadas sobre la franja azul; sólo difiere de la medieval (Biblioteca Nacional de París, Ms. GE. 8.8268) en
que Ilevaba cuatro barras, no dos como la del manuscrito parisino

En consecuencia, en el asalto a la Sierra de Espadán, el ejército del Reino -debilitado por el mal de Almenara- contó con el refuerzo de 4.000 lasquenetes alemanes, cedidos por el rey Carlos I de Valencia. Precisamente, los alemanes tuvieron el honor de acompañar a la Real Señera por el regreso triunfal a Valencia, "entrárenla per damunt lo portal dels Serrans", merced concedida por el gobernador del Reino Don Hieromi de Cabanyelles, al tener autoridad sobre el protocolo de la regnícola enseña. Hay muchos detalles que han sido interpretados erróneamente en nuestros días. Un Jurat en Cap de 1526, de los que acompañaban a la bandera junto al gobernador del Reino, no equivalía a un concejal del actual Ayuntamiento de
Valencia, sino al de un alto mando del ejército. Así, cuando en las Germanías sale la Real Señera a Campaña, se
ordena a las tropas de las ciudades "que obedescan (sic) por Capitán General al Jurado en Cap de Valencia" (Viciana,
MS. 46. Bib. de S. Cruz. Valladolid). Respecto al traslado de la Real Señera, por su excesivo peso y cuando el
trayecto lo requería, el Justicia Criminal cabalgaba a la "estradiota", obteniendo estabilidad para portar la
enseña.

Tras la victoria en Espadán, la entrada triunfal de la Real Senera en Valencia (25 de septiembre de 1526) fue
apoteósica: cuatro mil alemanes de cinco en cinco en hilera, con escopetas, picas y "espases de tres palms, amples
com tres dits" formaban la vanguardia del desfile; después "venien los tabals, trompetes y ministres" y el Justicia
Criminal con la Real Señera o bandera del Rat Penat junto a "Hieroni Cabanyelles", governador general
del Reyne de Valencia, ab oficials reals e lo capitá dels alamanys Rogondolfo" y las compañías
valencianas.

Tanta expectación como los alemanes -especialmente la compañía armada con "espases de dos mans"-
despertaba en el ejército del Reino los famosos cañones de Xàtiva, artillería de campaña que ya estuvo presente al
comienzo de la sublevación en el cerco de Benaguacil: "las dos bombardas de Xátiva; la que se llama el
Buey y la que se dice el Puerco". Precisamente en la solemne entrada de la Real Señera en la catedral,
y en el ceremonioso ingreso en la Sala del Archivo, se dispararon grandes cañones: "Quan arribá la
Bandera a la Seu y a la Sala, tiraren grans bombardes".
Por tanto, en 1526 la Real Señera fue acompañada por miles de lasquenetes alemanes v compañías valencianas,
Grandes cañones de Xàtiva, cuerpo armado del Centenar de la Ploma y el Virrey, música marcial de
atabales, pífanos y trompetas. Y no es por molestar. ¿Pero, hubo en alguna de las que ahora se titulan
"comunidades históricas" (Cataluña, País Vasco, Galicia...) una bandera equiparable a la Real Señera
en cuanto valor material, histórico y protocolario? Sospecho que no.

Otra referencia la encontramos en el pergamino, aparece nítida la imagen de la Real Señera con las barras coronadas sobre el terri¬torio del Reino de Valencia y contiene, además del nombre del autor, la fecha de ejecución: año 1413. Es decir, nos ilustra sobre la Bandera Real que presi¬dió la decisiva batalla de Morvedre en 1412 -no muy lejos de Segorbe- y con la que el adelantado mayor de Castilla trató de proclamar rey de Valencia a Fernando de Antequera; detalle que no se ha tenido en cuenta hasta la fecha.

"Fue vencido el ejército de Valencia por Bernat de Centelles y caballería de Castilla, de Valencia y gente de Morvedre. Murióel virrey de Valencia y fue herido gravemente el justicia criminal, apoderándose de la Bandera de Valencia que fue llevada al de Antequera. Vencieron los Centelles que seguían a Femando de Antequera, pero no hubo humillación para la Señera, ya que los vencedores también eran valen¬cianos y reconocían la realeza del símbolo. Antes del choque, el virrey había solicitado al Consell un ejér¬cito y el estandarte real con el Centenar de la Ploma, -según la norma empleada en el siglo XV; pues siem¬pre que ejecutaba alguna misión propia de su cargo y que requería manifestarse con autoridad, se hacía acompañar por la Bandera Real de Valencia

"Insta el virrey Bollera que salga la Bandera y hueste de Valencia contra Nules (...) y como Bellera era catalán deseaba que el Conde de Urgel sucedie¬se en la casa real" (Diago, F.: "Apuntamientos", p. 234).
Jerónimo Zurita, cronista aragonés, defendía la legalidad del ejército que llevaba la Señera de Valen¬cia por dos motivos: por seguir al virrey, máxima autoridad (el monarca había fallecido), y por defen¬der al parlamento valenciano, que en aquellos días estaba en Vinaroz: "El parlamento de Vinalaroz (sic); que siendo legítimamente congregado, representaba todo aquel Reyno de Valencia".
El ejercito iba presidido por la Bandera de Valen¬cia, sustantivo que valía tanto para la ciudad como para el Reino; "movió el Gobernador con la Bande¬ra de Valencia, y con todas sus compañías de caba¬llo y de pie; el sábado a la tarde, sus batallas ordenadas". Entre los caballeros que reconocieron la realeza de la Señera habían castellanos y catala¬nes, como Guillen de Vich "que andaba con el Adelantado de Castilla "No la consideraron trofeo de batalla, sino Bandera Real apta para la procla¬mación del rey de Valencia:
"Tomó Ruy Diaz la Bandera de Valencia, la cual envió el Adelantado de Castilla al Infante. Le envió a suplicar que cuando Dios quisiese, que tomase título de Rey, lo que fiaba en Dios que sería, que le plu¬guiese de tomarle con aquella Bandera Real" (Zuri¬ta, Jerónimo de: "Anales de la Corona de Aragón". Zaragoza. 1579, p. 54).

También la podemos encontrar en Bolonia. En la biblioteca de la más anti¬gua universidad europea, la de Bolonia, se conserva la carta náutica del italiano Grazioso Benincasa, fechada en 1482. La obligada esquematización propia de estos pergaminos no impide apreciar una serie de banderas sobre la península ibérica, desta¬cando la Real Señera en el espa¬cio definido entre el río Ebro y el reino moro de Granada, todavía independiente en aquel año. Una gran franja junto al asta y tres escuetas barras rojas y amarillas identifican el territorio regnícola.
Los cartógrafos no pretendían hacer un tratado de banderas, de ahí que en ocasiones apareciera la Real Señera con la corona so¬bre las barras (carta de Viladestes del año 1413) o, simplemente, la franja azulada del fondo; pero es notorio el empeño en dejar cons¬tancia gráfica de un espacio rec¬tangular junto al asta, reduciendo la longitud de las barras. Por cier¬to, la corona fue incorporada in¬cluso en las marcas de agua de los papeles fabricados en el Rei¬no en el siglo XV: "Deux país, marque representant les armoiries de Valence (...) surmontés d'une couronne de 1463-1426" (Mosin, Vladimir: Filigranes, 7.a.greb, 1957). Detalle que no exhi¬bían los elaborados en Cataluña.
Documentada la presencia de barras coronadas sobre franja azul en nuestro Siglo de Oro (Bib. Nacional de París: Ms. Ge. B. 8268),

En la toma de Tortosa en la guerra de los Segadores vemos un ejemplo de cómo el ejercito del Reino luchaba todos a una, todos tras la Real Señera. “¡Cómo se hallaba afligido este florido Reyno (de Valencia), tan dentro de sus caminos el enemigo, tan dueños de sus llaves, señor de la campaña sus campos talados, los vecinos fugitivos, los morado¬res inquietos y asustados, mal seguras las villas y vendidas las aldeas ¡Qué molesta¬do se hallaba!” (Villalva, B.: Restauración de Tortosa. Valencia, 1651).
De estos años se conservan peticiones de ayuda de las viudas de valencianos muertos en la frontera catalana; así “Joanna Mas, viuda de Gregorio Rodríguez, que murió a manos de los micaletes en Tortosa” (A. Cor. Aragón. Leg. 889); o, tam¬bién. la de “Francisca, viuda de un Maes¬tre de Campo, (que) pide se le pague de lo que procediere de haciendas de catalanes en el Reyno de Valencia” (A. C. A., Leg. 894).
Curiosamente, apenas murieron catala¬nes, pues tuvieron la astucia de entregar Cataluña a la poderosa Francia en 1640, por lo que su paupérrimo ejército se bene¬fició del “paraguas” militar francés. En un principio, los valencianos rechazaron invo¬lucrarse en la guerra, pero la sistemática violación del territorio provocó la contun¬dente respuesta. Era necesario tomar Tor¬tosa. ciudad considerada puerta del Reino, y refugio de los que asolaban el Maestraz¬go. El solemne y enrevesado texto de Vi¬llalva nos recuerda los preparativos:
“Apréstate, pues, la restauración de la Plaza (de Tortosa); hace levas, alista soldados, tiende sus banderas, suenan las caxas (especie de tambor de guerra), pífanos responden. Hasta el reservado antiguo Centenar (de la Ploma) sacan y siguen el antiquísimo misterioso Rat Penat; y todos, y otros muchos, al Padre de la Patria su Jurado en Cabeza, heroyco Coronel de es¬cuadras (que) asiste en la campaña con casi quatro mil infantes”.
Líneas después, Villalva hace gala del barroquismo metafórico en esta frase: “El fausto Rat Penat, o Real Lábaro si Timbre de este Reyno, tendió sus alas sobre la frente de las Flor de Lises”. Es decir, Real Lábaro, equivalía a Real Estandarte, aun¬que Villalva usó de la hipérbole, pues, en sentido estricto era el estandarte de los emperadores romanos (María Moliner). La Real Señera, popularmente llamada “Ban¬dera del Rat Penal”, siempre protegida por el Centenar y singularizada en la expedición, venció al ejército de “las Flor (sic) de Lises”.
Por tanto, los Tercios de Castellón, Orihuela, Segorbe, Alicante, Liria, Peñíscola, Morella y Valencia –con el Rat Penat “Timbre de este Reyno”- se desplazaron hasta el Ebro, donde las tropas de Felipe IV eran incapaces de someter al ejército franco-catalá. Lo sucedido en el cerco de Tortosa lo cuenta el dominico Pedro Esteban –el personaje más belicoso de la ex¬pedición-, que lanzaba fuertes arengas en valenciano sobre la dudosa fe de los sitia¬dos: “Germans dins de Tortosa tots los soldats que hi ya no son Cathotichs; que hi ya motis heretjes” (B. Nac. Madrid. Ms. 2381, f. 249).
La narración de Esteban podría corres¬ponder a una confrontación actual: “sába¬do. antes del amanecer, prosiguieron su marcha cubiertos de una niebla que les guardó del daño que podían recebir (sic) de la artillería de la plaça”. El Tercio de Orihuela y Alicante actuó como infantería de marina: “reforzó sus galeras para co¬rrer la costa con gente que escogió del Tercio de Orihuela y Alicante, lo que hizo sin hallar navios (enemigos); volvióse con ellas a los Alfaques y la gente al exército”. Ya en tierra, oriolanos y alicantinos se rein¬tegraron a labores de cerco: “Los Tercios del Reyno de Valencia hicieron su trinche¬ra con sus fortines y puntas de diamante, desde el río (Ebro) at barranco que dicen del Diablo, que es por donde había el ene¬migo de venir a romper para socorrer la Plaza”

Incluso recientemente, en la Segunda República española, en plena guerra podemos encontrar un ejemplo de nuestra Señera, era otros tiempos cuando la izquierda no la había humillado y reconocía su significado.
La escritora par¬ticipó en la toma del castillo ibicenco junto a las tropas republi¬canas; pero aquí está la nove¬dad, todo indica que María Te¬resa León (mujer de Alberti) izó la Real Señera en la toma de la fortaleza. Anali¬cen lo que cuenta; "...me en¬contré en medio de una colum¬na de milicianos que avanzaba. La mandaba el capitán Bayo.
No sé quién iba preguntando por nosotros. He olvidado el nombre de aquel valenciano que nos abrazó en aquel mo¬mento. Al iniciar la subida a la ciudad vieja nos dijeron: "Va¬mos a poner la bandera valen¬ciana en el castillo". Y me dio la señera con las valientes barras amarillas y rojas y lo rat penal en el remate del asta. Así subi¬mos a lo alto y la izamos y la vimos batida por la virazón del mediodía" (p. 278), Recuerda Ma Teresa que, mientras per¬manecía guardando la Real Señera, "oímos gritos. Era Ra¬fael", que trataba de evitar la destrucción de objetos de arte.
Olvidando fariseísmos inhe¬rentes a la militancia en el PC y 'algú que atre desunglat, capat o desorellat" al matrimonio Alberti les debemos mucho, desde su literatura a la defensa de los tesoros del Museo del Prado, De formación humanística envi¬diable, María Teresa León conocía el valor simbólico de la Real Señera valenciana, de ahí que participara en su izamiento en el castillo de Ibiza, No obs¬tante, algún coleóptero catalanero dirá, en octubre de 2003, que la descripción no alude a la corona ni al azul, por lo que aclararemos el asunto: "Me¬moria de la melancolía" es una autobiografía escrita en el exi¬lio argentino, donde la niebla del tiempo borra perfiles y disi¬pa vivencias. Lo advierte la autora en la primera página: "Habréis de perdonarme en los capitulos que hablo de la gue¬rra,,., ahí dejo lo que vi, lo que sentí, todo pasado por una con¬fusión de recuerdos". En conse¬cuencia, suponemos que la au¬sencia de referencias a la coro¬na y la franja azul de la Real Se¬ñera enarbolada en el castillo de Ibiza fue involuntaria, y no consecuencia de la ceguera par¬cial que afectó a Ma Teresa en las visitas a la China de Mao y la Rusia de Stalin, Pero, por suerte, los periódicos de agosto de 1936 ofrecieron información fotográfica de lo narrado por Mª Teresa.
Con enormes titulares, la prensa republicana testificó la presencia de "la Senyera sobre el castillo de la ciudad de Ibiza" (La Correspondencia, 11 de agosto de 1936). María Teresa León estaba allí y, probablemente, con su formación teatral ayudó a componer o escenificar la famosa fotografía donde dos milicianos despliegan la Real Señera de enorme franja azul, mientras un tercero toca la corneta rindiendo honores a la ensena. Los periodistas republi¬canos describieron la toma del castillo, citando a los mismos protagonistas que recordaba Mª Teresa León: desde el ca¬pitán Bayo a las columnas de comunistas y anarquistas va¬lencianos. Rubia, de gran belle¬za y adorada por los milicianos, la esposa de Alberti empuñaba su fusil y, según cuenta, se en¬cargó de que la Real Señera on¬deara destacada, sin tolerar que otras banderas -incluida la re¬publicana-, ocupara lugar más privilegiado. Enfadada contra un camarada, relata; "No sé quién trajo una bandera repu¬blicana y, usando nuestro tradi¬cional malhumor intransigente, pretendió colocarla más arriba. Intervine para decirle: Déjala" (p. 278).

Eixemples d’estos hi han innumerables en els documents de la nostra epoca foral. Tambe el virrei la portava per a revestir-se de major autoritat, perque en ella es simbolisava el Regne, aixina l’any 1526 “ixque la Bandera ab lo Rat Penat de Valencia i ana fins a la vila de Honda per fer espalles al Excellentissim Duch de Sogorp, que era capita de sa Magestat ab lo Governador Don Jeroni Cabanyelles contra los moros que sen eren muntats a la muntanya de Espada.”

De la data en que es confecciona la primera Senyera no tenim noticies documentades, pero sabem que esta Senyera primerenca tenia a soles dos barres roges sobre camp d’or, que era l’emblema real.

Algunas representaciones del a Señera.

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Retaule del presbiteri (s. XVIII). Vista General.
Santuari de la Mare de Deu d'Agres

Representa un terrible incendi que tingue lloc en Alacant en 1484, i que fon rapidament apagat, segons la tradicio, per la miraculosa intervencio de la Mare de Deu d'Agres; en agraïment a la qual es feu est magnific eixemple d'art ceramic del sigle XVIII. La Senyera Valenciana es veu hissada en el castell de Santa Barbera i en els barcos del port. Els canons es disparen per a alertar a la poblacio. L'image mes antiga d'Alacant i el seu castell en una bandera es la representada en els magnifics taulells d'Agres.

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Detall del mateix mural en el guerrer que porta
la Real Senyera Valenciana en l'escut.
Iglesia de Sant Jordi, Alcoy.



Como es sabido, la imagen de la Real Señera en pergaminos medievales como el
de 1410 (B.N.París, Ge. B. 8268) testifica la presencia de la franja azul con la
corona y, también, las dos barras de la antigua señal real de Jaime I.
En 1459, cuando era habitual el modelo de cuatro, Jaume Roig citaba los bastones
de oro coronados ("Spill"), aludiendo a la corona otorgada por el rey y que -a fines del XIV- ya figuraba
sobre las dos barras de la moneda del Reino de Valencia.


Fuentes:

Mossarabia

Colectiu Aitana

Y los inestimables escritos de Don Ricardo Garcia Moya.

Garcia Moya

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