Lunes, 13 de noviembre de 2006
Publicado por La_Seu @ 11:00
Comentarios (1)  | Enviar
Valencia
La manceb?a en la Valencia foral
DANIEL SALA de la RACV. Para Las Provincias.



Figuraci?n de la Valencia del siglo XIII.

Imagen

?Dec?a el humanista Henri Cock, piadoso arquero al servicio del rey Felipe II, cuando estuvo en Valencia en 1585, al regreso de las Cortes de Monz?n, para preparar los aposentos del Rey y su s?quito: ?La puter?a p?blica, que tan com?n es en Espa?a, que muchos primero ir?n a ella que a la iglesia, entrando en la ciudad, no se ha de callar en este lugar. Es ella la mayor, seg?n los curiosos desta materia dicen, de toda Espa?a, y est? cercada en derredor con un muro,??. La prostituci?n en El Partit, Bordell, Publich, Pobla de ?les auols fembres o fembres pecadrius?? estuvo en tiempos forales bien reglamentada por la Ciudad y los privilegios concedidos por los monarcas en orden a su buen funcionamiento, control sanitario y medidas de reinserci?n social como correspond?a a la grandeza de una Valencia foral, ejemplar en muchos aspectos.

Hay en Valencia, al igual que en toda Espa?a, pero aqu? m?s atractivo, un famoso lugar con hembras dedicadas al placer p?blico, que disponen de un barrio de la ciudad donde esa vida se ejerce con toda libertad. Un refr?n espa?ol dice: rufi?n cordob?s y puta valenciana?. El alem?n H. M?nzer describ?a el ambiente nocturno por 1494: ?Es tambi?n su costumbre el pasear tarde por las calles, hasta bien entrada la noche, hombres y mujeres en tal cantidad que parece una feria. Y, sin embargo, nadie es ofendido por otro. Si no lo hubiese visto con mis compa?eros y en compa??a de los ilustres mercaderes de Ravenburg, dif?cilmente lo hubiera cre?do. As?mismo, las tiendas de comestibles est?n abiertas hasta media noche, de forma que en cualquier hora puedes comprar todo?.

Descripci?n que podr?amos completar con unas pinceladas de A. de Lalaing, en 1501, cuando dec?a respecto de las mujeres: ?son las m?s bellas, elegantes y hermosas que se conozca, porque los tejidos de oro y la seda bordada con oro y plata y el terciopelo carmes? les son tan comunes como el terciopelo negro y la seda en nuestro pa?s?.

Mas, al margen de todas estas expresiones de admiraci?n hacia esa Valencia monumental, abierta y bulliciosa, rodeada de huertas que parec?an jardines (?el m?s bello jard?n del mundo?, dec?a el Cardenal de Retz) a la que llegaban comerciantes y marineros, pocos eran los que no reparaban en la Pobla de les ?fembres pecadrius?, donde se ejerc?a la prostituci?n de forma legal. As? lo dispusieron las leyes forales establecidas desde los tiempos del rey Jaime II el Justo y, si bien las primeras disposiciones de 1311 y 1312 hacen referencia a la prohibici?n y destierro de ?rufianes? y a que ?los sarracenos no se atrevan a tratar con mujeres cristianas prostitutas en las tabernas?, el privilegio de 19 de agosto de 1325 sobre ?la declaraci?n y atenuaci?n en el asunto de las mujeres pecadoras?, ya cita un recinto a ellas dedicado: la Pobla de Bernat de Villa.

La nueva muralla
La Pobla, desde sus or?genes en el siglo XIV, estuvo instalada en un arrabal, al norte de la morer?a, separado de la primitiva muralla de la ciudad. Las hostilidades entre Arag?n y Castilla, hicieron que el Ceremonioso levantara la nueva muralla, en 1356, que abarc? dentro de sus l?mites el lupanar con su tapia, que mand? levantar en 1444 la reina do?a Mar?a, esposa del Magn?nimo.

Las casas del prost?bulo, aisladas, de una sola planta, adornadas con flores e iluminadas por la noche con farolitos de colores, eran ocupadas por las prostitutas que ofrec?an sus servicios. Unas cuantas posadas les procuraban cuanto necesitaban. Sin embargo, los abusos de los hostaleros oblig? a reglamentar el funcionamiento del Partit. Si primero fue el ?rey Arlot?, quien se encarg? del orden, sus abusos hicieron que en 1338 el Pedro IV, emitiera un privilegio ?Sobre la revocaci?n del cargo de Rey Arlot?, sustituy?ndolo en adelante por el ?regent del bordell?, que depend?a directamente del Justicia Criminal. El veneciano Sigismondo di Cavallli describe su funcionamiento a principios del siglo XVI:

?Hay tambi?n en esta ciudad un lugar hecho por la autoridad, grande como la Isla de S. Jorge Mayor de Venecia, cerrado con muros con una sola puerta, en el que hay muchas casas, donde habitan todas las cortesanas de Valencia. ?stas no pagan otro alquiler de casa y en cuanto a su vivir tienen dentro 5 ? 6 hoster?as en las que por cierto precio m?dico les dan todo lo que necesitan cada d?a?a la puerta del cual hay continuamente un hombre, que se llama ?guardian de las putas?, que no deja entrar a nadie con armas, ni que sea defraudada ninguna por su paga, que est? tambi?n establecida, y soluciona las desavenencias que surgen a veces entre ellas?.

Su emplazamiento consta en los dibujos de Wijngaerde, de 1563, en los que podemos ver su recinto junto al torre?n de Santa Catalina, con una sola puerta al lado opuesto al mismo. Tambi?n, en el plano de A. Mancelli, de 1608, observamos su ubicaci?n y calles que lo conforman. Cuando el P. Tosca levant? el suyo, en 1704, ya hab?a sido demolido.

Y a?ade el veneciano en sus observaciones la preocupaci?n de la Ciudad en cuanto a las enfermedades contagiosas.

?La Ciudad les paga cuatro m?dicos?y cada s?bado ordinariamente las deben visitar a todas y preocuparse de la salud de cada una y si encuentran alguna con algo malo, la ponen en cierto lugar aparte y la cuidan con grand?sima diligencia?.

Esta atenci?n era dispensada en la ?goleta? del Hospital donde eran aisladas para recibir atenci?n. Despu?s, ya curadas, no pod?an ejercer de nuevo en el Partit y lo hac?an clandestinamente, pues el Justicia no les certificaba la idoneidad para trabajar en el burdel.

As?, la Ciudad y las disposiciones forales cuidaron muy de cerca la reglamentaci?n de este ?oficio? con el que se tuvo una cierta tolerancia, quiz? porque se contaba con el precedente de la Magdalena, perdonada por Cristo como pecadora arrepentida. Ya Eiximenis, en el siglo XIV, nos habla de la prostituci?n y, al explicar ?Quina forma deu haver ciutat bella e ben edificada?, hace referencia al lugar donde debe estar ubicada como actividad molesta o malsana; raz?n por la cual las monjas agustinas de San Jos?, que ocupaban el Convento de la Corona, junto al burdel, se trasladaron, como explica Escolano: ?Como la casa de las Mujeres perdidas cayese a espaldas de la guerta de estas Religiosas, y pudiessen los relinchos de aquellas yeguas lascivas alcanzar a los honestos oydos de estas Religiosas, acordaron de desamparar el puesto y passarse a la Iglesia de Santa Tecla en al calle del Mar?.

Aislar la prostituci?n
Tambi?n san Vicente insist?a en la conveniencia de aislar la prostituci?n en los lugares al efecto con sus frecuentes llamadas a las autoridades para que lo hicieran; dec?a: ?Si quitas a las prostitutas de los lupanares, perturbar?s a todo el mundo con las pasiones sexuales?.

En esa l?nea estuvieron las disposiciones forales y las ordenanzas de la Ciudad; en 1453, el Lugarteniente General del Reino, Juan II, concedi? un extenso privilegio sobre la ?Salvaguarda del Burdel? para acabar con los altercados y abusos cometidos en ?l; y, ante la falta de efectividad, Fernando el Cat?lico, en 1488, ordenar?: ?Que las mujeres que vivan de ganancias vergonzosas no puedan permanecer ni habitar en ning?n lugar de la Ciudad, excepto en el lupanar. Y que ning?n oficial pueda darles o concederles licencia bajo las penas impuestas aqu?.

La Ciudad no s?lo atend?a a estas cuestiones. En una sociedad profundamente religiosa como era la de la ?poca foral, tambi?n se ocup? de la reinserci?n social de las ?fembres pecadrius?. Dec?a S. di Cavalli: ?Cada a?o, el domingo de Ramos, las llevan a todas a la iglesia, donde no puede entrar nadie m?s y el Predicador, que durante la Cuaresma se ha ganado m?s fama, les hace dos sermones largos, uno por la ma?ana y otro despu?s de comer, y si se convierte alguna, el Concejo de la Ciudad la casa o la mete monja, seg?n lo que ella quiera, y a las otras se las manda de nuevo a dicha casa o lugar, donde contin?an su acostumbrado ejercicio?.

En Semana Santa, con tal de evitar el pecado, el burdel era clausurado y sus pupilas recluidas en la ermita de Santa Luc?a, en las casas ?de los cortantes? o ?de flaquers?, haci?ndose cargo la Ciudad del mantenimiento de estos retiros, hasta que la Ciudad fund? una instituci?n al efecto: la Casa de las Arrepentidas. La primera instituci?n similar data de los inicios de la Valencia cristiana en el convento de las dominicas de Santa Mar?a Magdalena, en la plaza del mercado de la ciudad. L?Espill de Jaume Roig, nos refiere el caso de una condesa pecadora, a quien su marido recluy? en una fundaci?n hecha con sus bienes dotales; las Magdalenas reclamaron la casa cuando la ciudad patrocin? su propia fundaci?n en 1345, junto al Convento de San Gregorio
Comentarios
Publicado por Murta
Lunes, 13 de noviembre de 2006 | 12:37
Enhora bona per Blog y desije que el continues treballant y no el dixes com molts atres que no evolucionen ni els continuen y queden olvidats, magra el articul.
Gui?oGui?oGui?o